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title: "La carne dio un respiro en julio, pero acumula subas de más del 50% y se aleja de los salarios"
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description: "En el AMBA los precios bajaron 0,7% mensual, pero siguen 52,4% arriba de julio de 2025. El consumo retraído enfría algunos cortes mientras pollo y cerdo ganan terreno en los hogares."
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date_published: "2026-08-09T22:44:00-03:00"
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category_description: "Lo que pasa hoy: bares, salidas, costumbres, historias de vida y turismo regional. Actualidad con mirada del conurbano profundo. Diario La Tercera"
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# La carne dio un respiro en julio, pero acumula subas de más del 50% y se aleja de los salarios

![NOTA CARNE](/download/multimedia.normal.860b9e6442bf510b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La carne vacuna aflojó apenas en julio, pero el alivio tiene bastante de espejismo. En el Área Metropolitana de Buenos Aires los precios retrocedieron 0,7% frente a junio, aunque en la comparación interanual todavía acumulan una suba del 52,4%. El dato surge del Informe Mensual de Precios de la Carne Vacuna del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), que relevó más de 30.000 precios semanales en carnicerías y supermercados de AMBA, Rosario y Córdoba.

El precio promedio del kilo de carne vacuna en el AMBA se ubicó en $18.478. En Rosario alcanzó $19.226 y en Córdoba $19.532. La foto mensual parece estable, pero la película muestra otra cosa: en apenas un año, la carne aumentó 54,2% en Rosario y 56,2% en Córdoba.

La baja del AMBA tampoco fue uniforme. En el oeste del Gran Buenos Aires los precios cayeron 2%, en el sur 1,1% y en el norte 0,8%. En la Ciudad de Buenos Aires, en cambio, subieron 0,7%. La diferencia territorial ayuda a entender lo que está detrás del movimiento: no hay un verdadero abaratamiento de la carne, sino una demanda más débil que obliga a corregir precios en los lugares donde el bolsillo está más exigido.

Menos demanda, más sustitución y una proteína cada vez más cara

El dato central no está sólo en cuánto cuesta el kilo, sino en qué proteína puede comprar una familia con el mismo dinero. Durante julio, el valor de un kilo de asado equivalió a 3,58 kilos de pollo fresco o a 1,95 kilos de pechito de cerdo. En el acumulado del año, esa brecha fue todavía mayor: 3,74 kilos de pollo por cada kilo de asado y 2 kilos de cerdo.

Ahí aparece el cambio de hábitos. Cuando la carne vacuna corre muy por encima de otros alimentos, las familias no dejan necesariamente de consumir proteína, pero sustituyen. El pollo y el cerdo avanzan porque cumplen una función parecida a un precio menor. No es una revolución gastronómica: es una decisión de presupuesto.

La comparación anual lo confirma. Mientras la carne vacuna aumentó 52,4% en el AMBA, el pollo subió 27,4% y el pechito de cerdo 24,9%. La brecha explica por qué el consumo de carne vacuna viene perdiendo terreno incluso en un país donde históricamente ocupó un lugar central en la dieta y en la identidad cultural.

También se amplió la diferencia entre canales de venta. En julio, los supermercados bajaron sus precios 1,5%, frente a 0,4% en las carnicerías. Según el IPCVA, con el dinero necesario para comprar un kilo promedio en supermercado sólo se adquirían 0,88 kilos en una carnicería. En cortes populares la diferencia fue todavía mayor: la falda resultó 35% más barata en grandes superficies, la carnaza común 32,1% y el asado 19,8%.

Los cortes tampoco se movieron igual. El vacío bajó 3,9%, el matambre 2,5% y la nalga 2%. Pero el osobuco aumentó 2%, mientras paleta y falda subieron 1,2%. El promedio puede bajar unas décimas aunque la mesa cotidiana siga encontrando aumentos.

El pequeño retroceso de julio no cambia el problema estructural. La carne se estabiliza porque la demanda no convalida cualquier precio, no porque los ingresos hayan recuperado poder de compra. Con salarios atrasados y consumo interno débil, el mercado encuentra su equilibrio por abajo: se vende menos, se sustituyen cortes y se reemplaza vaca por pollo o cerdo.

La paradoja argentina termina escrita en la mesa. Uno de los mayores productores de carne vacuna del mundo mantiene el producto cada vez más lejos de buena parte de sus trabajadores. El precio puede haber respirado en julio. El que todavía sigue buscando aire es el salario.

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