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title: "La Iglesia se planta ante Milei por la deuda familiar: casi 6 millones de argentinos están en mora"
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description: "La Conferencia Episcopal reclamó una respuesta frente al sobreendeudamiento de los hogares. Con 5,91 millones de personas en situación irregular y una mora que supera el 30% en billeteras virtuales, la Iglesia rechaza que el problema pueda reducirse a una relación entre privados."
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date_published: "2026-09-01T00:12:00-03:00"
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category_description: "Lo que pasa hoy: bares, salidas, costumbres, historias de vida y turismo regional. Actualidad con mirada del conurbano profundo. Diario La Tercera"
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# La Iglesia se planta ante Milei por la deuda familiar: casi 6 millones de argentinos están en mora

![nota episcopal](/download/multimedia.normal.b18043ec9a9e4d68.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La Iglesia puso sobre la mesa una discusión que el Gobierno preferiría dejar en el terreno de los contratos privados: qué pasa cuando millones de familias se endeudan para llegar a fin de mes y ya no consiguen salir. El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, cuestionó la idea de que el Estado pueda limitarse a observar desde afuera y reclamó una respuesta frente al crecimiento de la mora y al peso de créditos cada vez más caros sobre los hogares.

El planteo llega con números difíciles de relativizar. Un informe del CEPA, elaborado con datos del Banco Central y la Central de Deudores, registró 5,91 millones de personas en situación irregular dentro de un universo de 20,96 millones de tomadores de crédito. Es decir, más de uno de cada cuatro deudores ya tiene problemas serios para cumplir. En junio, la mora bancaria de las familias alcanzó el 12,8%, mientras que en las billeteras virtuales llegó al 30,1%, por encima incluso del pico observado durante la pandemia.

Colombo puso el foco justamente en esa frontera entre necesidad y deuda. Para buena parte de los hogares, tomar crédito ya no significa cambiar el auto, viajar o financiar un gusto. Significa comprar alimentos, cubrir una factura, pagar medicamentos o atravesar la última semana del mes. Y cuando el préstamo aparece como extensión del salario, la discusión deja de ser solamente financiera.

Cuando la deuda entra a la mesa familiar

Los datos de julio profundizan la señal. La consultora 1816 calculó que la irregularidad total del crédito privado pasó de 7,63% a 7,73% en un mes, empujada principalmente por los hogares. En el segmento no bancario, donde operan billeteras, financieras y emisoras de tarjetas, la mora familiar trepó al 33,69%. Mercado Pago y Tarjeta Naranja concentran, según ese relevamiento, el 54% del financiamiento a hogares dentro de ese universo.

La escala ayuda a entender el problema. La deuda promedio ronda los $4,8 millones dentro del sistema bancario y $1,2 millones fuera de los bancos. Pero la mediana cuenta una historia todavía más cotidiana: la mitad de quienes están atrasados debe menos de $626.000. No son necesariamente grandes deudores. Son personas para las cuales una suma semejante puede convertirse en una pared cuando la mitad de la población percibe ingresos inferiores a $800.000 mensuales. En los barrios, esta diferencia se traduce en algo concreto: familias que pagan una deuda con otra, recortan comida, postergan servicios o llegan al mes siguiente con menos margen.

Las refinanciaciones también hablan. Los hogares ya renegociaron alrededor de $2,6 billones, equivalentes al 3,7% del crédito familiar. Esa montaña de deuda reordenada muestra que una parte de la sociedad no dejó simplemente de pagar: está pateando vencimientos, cambiando una obligación por otra y tratando de comprar tiempo.

Ahí es donde la Iglesia decidió plantarse. Colombo advirtió sobre créditos con condiciones abusivas, sobre deudas que se acumulan de manera casi imperceptible y sobre el impacto que puede tener el acceso inmediato al dinero desde una aplicación. Incluso vinculó el fenómeno con otra preocupación que la Iglesia viene siguiendo de cerca: la expansión de las apuestas online entre jóvenes y el daño que puede producir una deuda contraída sin verdadera capacidad de pago.

El contraste con la posición oficial es político. Desde el Gobierno se ha sostenido que el endeudamiento pertenece al ámbito de las decisiones privadas y que no corresponde socializar sus consecuencias. La Iglesia corre el eje: una cosa es la responsabilidad individual y otra muy distinta es desentenderse cuando el problema alcanza a millones de personas y empieza a alterar la vida familiar, el consumo y la posibilidad misma de cubrir necesidades básicas.

No se trata de premiar al que no paga ni de convertir cada deuda en obligación del Estado. Se trata de discutir reglas, tasas, información, límites y mecanismos de salida para evitar que una familia que ya está en problemas quede atrapada en una rueda imposible de intereses y refinanciaciones.

Porque cuando casi seis millones de personas están en mora, ya no alcanza con mirar cada caso como una mala decisión individual. Hay un problema social de escala. Y la Iglesia acaba de decirle al Gobierno algo bastante sencillo: una familia endeudada puede tener responsabilidades, pero no por eso deja de merecer protección. El mercado puede firmar el contrato. El Estado no debería firmar su ausencia.

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