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title: "Jóvenes del Conurbano Sur, atrapados en casa: la crisis económica aleja cada vez más la vivienda propia"
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description: "Más de la mitad de los hogares jóvenes del país atraviesa algún problema habitacional y la Provincia reúne el 40% de quienes aún viven con sus padres o suegros. En el Sur bonaerense, compartir techo, construir una pieza más o postergar la independencia se volvió parte de la vida cotidiana."
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date_published: "2026-09-11T08:14:00-03:00"
date_modified: "2026-09-11T08:15:44-03:00"
category_name: "Región"
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category_description: "Toda la información de los municipios del sur del Conurbano: Avellaneda, Lanús, Lomas, Almirante Brown, Quilmes, Presidente Perón, San Vicente, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela y Berazategui. Cobertura local, agenda barrial y protagonistas."
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# Jóvenes del Conurbano Sur, atrapados en casa: la crisis económica aleja cada vez más la vivienda propia

![NOTA 2](/download/multimedia.normal.8cad95334438ce53.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La escena se repite cada vez más en el Conurbano: jóvenes que trabajan, estudian o hacen ambas cosas, pero siguen viviendo en la casa de sus padres porque alquilar solos se volvió imposible. Otros lograron independizarse, aunque lo hicieron compartiendo vivienda, resignando espacio o instalándose en casas con problemas de servicios, infraestructura o hacinamiento.

Un relevamiento del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda puso números a una realidad que ya se percibe en los barrios. El 52% de los hogares encabezados por personas de entre 25 y 34 años presenta algún tipo de déficit habitacional. Es la franja etaria más golpeada de toda la población.

El informe fue elaborado sobre estadísticas oficiales del INDEC y muestra además que unos 2,5 millones de jóvenes de entre 25 y 35 años siguen viviendo con sus padres o suegros. La Provincia de Buenos Aires concentra aproximadamente cuatro de cada diez de esos casos, es decir, algo más de un millón de personas.

No todos viven así por elección. Para una parte importante, abandonar el hogar familiar dejó de ser simplemente una decisión personal y pasó a depender de una ecuación económica cada vez más difícil de cerrar.

**Tener trabajo ya no garantiza poder irse de casa**

Durante décadas, conseguir un empleo estable era uno de los pasos que permitían pensar en alquilar, formar pareja o construir una vivienda propia. Esa secuencia se debilitó.

Entre alquileres elevados, ingresos que perdieron capacidad de compra y mayores gastos cotidianos, muchos jóvenes llegan a los 30 años sin margen suficiente para sostener una vivienda independiente.

El problema no termina ahí. Según el relevamiento, cerca del 46% de los jóvenes que todavía viven con sus padres o suegros lo hacen además en hogares que ya presentan algún déficit habitacional.

Eso significa que alrededor de 1,2 millones de personas permanecen en viviendas con problemas que pueden incluir falta de espacio, malas condiciones materiales, deficiencias sanitarias o carencias de servicios básicos.

En el Conurbano, donde conviven algunas de las mayores concentraciones urbanas del país, ese fenómeno adquiere una dimensión especialmente visible. Una habitación que antes ocupaba un adolescente hoy puede alojar a una pareja joven con un hijo.

Una casa pensada para cuatro personas termina sosteniendo dos generaciones adultas. El comedor se convierte en dormitorio y construir una pieza en el fondo vuelve a ser la única posibilidad de ganar algo de independencia.

No siempre aparece en las estadísticas como una emergencia, pero modifica la vida cotidiana.

La falta de vivienda propia demora proyectos familiares, aumenta la dependencia económica y obliga a reorganizar casas enteras alrededor de una convivencia que muchas veces nadie había previsto prolongar tantos años.

**Una crisis habitacional atravesada por la economía**

El problema viene de lejos, pero la actual crisis social y económica profundizó las dificultades.

La política económica del gobierno de Javier Milei encontró a millones de jóvenes con empleos frágiles, alquileres difíciles de afrontar y pocas posibilidades de ahorro. La pérdida del poder adquisitivo y el deterioro de distintas actividades productivas agregaron presión sobre una generación que ya llegaba rezagada al mercado de la vivienda.

El informe muestra que la emergencia excede ampliamente a los jóvenes. De los casi 14,8 millones de hogares analizados por la Encuesta Permanente de Hogares, cerca de seis millones presentan algún grado de déficit habitacional.

Casi dos millones directamente necesitarían otra vivienda por situaciones de allegamiento, deterioro estructural o exposición a condiciones ambientales críticas. Otros millones habitan casas recuperables, pero con hacinamiento, materiales deficientes o problemas de agua, baños, desagües y cocina.

La edad, sin embargo, marca una diferencia evidente.

Mientras el déficit llega al 52% entre los hogares conducidos por personas de 25 a 34 años, baja progresivamente a medida que aumenta la edad. Entre quienes superan los 65 años se ubica en torno al 31%.

Esa brecha habla también de patrimonio acumulado. Las generaciones mayores tuvieron más años para acceder a una propiedad, heredarla, ampliarla o terminar de pagarla. Para muchos jóvenes actuales, en cambio, ese primer escalón ni siquiera aparece.

Y en la Provincia de Buenos Aires el desafío es gigantesco. No sólo porque concentra alrededor del 40% de los jóvenes que todavía no pudieron dejar la casa familiar, sino porque buena parte de esa demanda se ubica en áreas metropolitanas donde el acceso al suelo, los alquileres y la infraestructura ejercen una presión permanente.

El Observatorio estima que, incluso tomando un cálculo prudente, sólo la población joven que todavía vive con familiares podría representar una demanda potencial de al menos 500.000 nuevas viviendas.

Pero detrás de esa cifra hay otra discusión.

Construir vivienda no es solamente levantar paredes. Significa suelo urbano, servicios, transporte, crédito, empleo e ingresos capaces de sostener una vida independiente. Es una política que atraviesa casi todas las demás.

Por eso el problema habitacional de los jóvenes no puede reducirse a la idea de una generación que "no se quiere ir" de la casa de sus padres. Muchas veces quiere irse y simplemente no puede.

En los barrios del Conurbano esa realidad se resuelve como siempre se resolvieron muchas crisis: una madre que acomoda otra cama, un padre que levanta una pieza, hermanos que comparten gastos y familias que hacen lugar donde parecía que ya no había.

Esa solidaridad evita que el problema sea todavía peor. Pero no debería confundirse con una solución.

Porque independizarse, formar un hogar y disponer de un espacio propio todavía debería ser una posibilidad concreta de la vida adulta, no un privilegio reservado para quienes pueden pagarlo.

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