
Fallo Judicial: LLA no podrá sacar a Espert de las afichetas electorales

El “Espantavotos” sigue como pesadilla a Milei
El libertarismo bonaerense intentó una jugada de último momento: reimprimir las afichetas de información electoral que estarán colgadas en todas las escuelas el 26 de octubre. Pero la Junta Electoral fue tajante: “extemporáneo, materialmente imposible y jurídicamente improcedente”. En otras palabras, no hay tiempo, no hay norma y no hay voluntad.
El fallo, firmado por Jorge Di Lorenzo, Hilda Kogan y Alejo Ramos Padilla, explicó que esas láminas —las que muestran la lista completa de candidatos— ya están impresas, dobladas y precintadas en los bolsines que se enviaron al Correo Argentino.
Desarmar el operativo para cambiar una foto implicaría desordenar 13 millones de electores y 40 mil mesas. La cara de Espert, ese socio que Milei sostuvo demasiado y quiso soltar demasiado tarde, seguirá apareciendo, ahora también, en la cartelería institucional.
Del papelón al bochorno institucional
Lo que en un primer momento parecía un tropiezo logístico se convirtió en un símbolo de desorden político. La Libertad Avanza pidió la reimpresión de 40.000 afiches con las nuevas caras, pero el tribunal dejó en claro que hacerlo sería “abrir bolsines cerrados, interrumpir trazabilidad y comprometer la transparencia del proceso”.En buen criollo: un papelón garantizado.
La jugada llega tarde y mal. Espert renunció cuando ya se habían impreso las boletas, y su reemplazo no alcanzó a entrar en los circuitos oficiales.
El Gobierno quiso despegarse de la imagen de su ex aliado, pero lo único que logró fue institucionalizarla: el Estado argentino imprimió, distribuyó y selló con fondos públicos la cara del hombre al que Milei ya no quiere ver.
El precio del desorden
En política real, los tiempos son poder. Y Milei perdió ambos.
Los libertarios se jactan de “reformar el Estado ineficiente”, pero no lograron presentar un simple reemplazo de candidato sin romper los plazos.
El resultado: una elección con cartelería desactualizada, logística comprometida y un costo adicional de siete millones de pesos que la Justicia se negó a convalidar.
La oposición aprovechó el desliz con precisión quirúrgica:
unos, para denunciar “improvisación libertaria”; otros, para reírse en silencio.
Nadie en la rosca duda de que Espert, ese eterno piantavotos liberal, se convirtió en la sombra que persigue al oficialismo hasta en los pasillos escolares.
Así, el Gobierno que llegó prometiendo “orden y eficiencia” se topó con su propia burocracia. La Justicia le recordó que el Estado no funciona a ritmo de cadena nacional ni de arrebato tuitero.
El 26 de octubre, en cada aula bonaerense, el votante encontrará la misma escena: la boleta libertaria y, sobre ella, la aficheta oficial con la sonrisa de Espert todavía pegada. La ironía es perfecta: el liberal que Milei quiso borrar del relato terminó colándose en la cartelería institucional del Estado. Un fantasma que no solo asusta en campaña, sino que ahora está empadronado.




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