Kicillof y La Cámpora se cruzan en una semana clave

La discusión del Presupuesto 2026 expone tensiones internas en Unión por la Patria. La Cámpora reclama mayor diálogo, la oposición pide cargos y fondos fijos para intendentes, y el gobernador activa a sus operadores para evitar un conflicto mayor.
Política17/11/2025
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El martes a las dos de la tarde, en la comisión de Presupuesto e Impuestos, empieza mucho más que un debate técnico. Empieza un nuevo round en la interna que Axel Kicillof intenta contener mientras La Cámpora mira cada movimiento del gobernador con la lapicera en la mano. El proyecto de Presupuesto 2026, más la Ley Fiscal Impositiva y el pedido de endeudamiento por casi cuatro mil millones de dólares, son la llave de una negociación que nadie quiere perder y que todos quieren condicionar.

La convocatoria la firmó Alexis Guerrera, presidente de Diputados bonaerense y hombre del massismo. En otro contexto sería una formalidad; hoy es un gesto político que le marca el ritmo al Ejecutivo. Kicillof quiere aprobar su paquete completo y rápido. Su entorno, sin decirlo en voz alta, reconoce que necesita volumen político propio antes de que la interna peronista entre en un nuevo ciclo nacional. Pero dentro del oficialismo hay otra lectura: la de Teresa García, jefa del bloque en el Senado y una de las referentes más pesadas de La Cámpora. Pidió más diálogo y más claridad antes de votar cualquier cosa. En criollo: no quieren ser convidados de piedra.

La senadora lo dijo hace semanas y todavía reverbera: si se va a discutir Presupuesto, endeudamiento y fondos municipales, tiene que hablarse todo junto, en público y de frente. Y esa frase, con perfume de institucionalidad, fue leída por varios como un tirón de orejas al gobernador. García bajó el tono cuando le preguntaron si había rivalidad con Kicillof. Pero en política, cuando alguien niega un conflicto, generalmente lo acaba de confirmar.

El Ejecutivo envió los proyectos sin cambios de último momento, buscando disciplinar a su propio espacio antes de negociar con la oposición. Para ordenar el tablero, Kicillof puso en la mesa a dos operadores de peso: el intendente de Almirante Brown y diputado electo, Mariano Cascallares, y el ministro Gabriel Katopodis. Los dos tienen calle, vínculos y sobre todo la paciencia para lidiar con radicales, libertarios dispersos y peronistas en modo autónomo. Del otro lado del edificio, la vicegobernadora Verónica Magario hará lo mismo en el Senado.

La oposición no oculta sus demandas. Quieren destrabar cargos pendientes en la Suprema Corte y en organismos clave, además de un fondo fijo para intendentes que puedan usar sin restricciones. El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, ya adelantó que eso es prácticamente imposible. Ofreció una alternativa: que los municipios reciban un porcentaje de lo que ingrese. La oposición lo escuchó, tomó nota y después pidió otra cosa. El juego es ese.

Mientras tanto, La Cámpora sigue mirando la letra chica. No solo quieren saber qué se va a aprobar; quieren saber qué se negocia y con quién. No se trata de boicot. Se trata de poder. Un Presupuesto define prioridades, construye lealtades y reparte recursos. Y nadie quiere ceder ese terreno sin una discusión interna seria.

Kicillof, por su parte, necesita mostrar fortaleza. La relación con su propio espacio se tensó en los últimos meses, y una mala negociación del Presupuesto podría convertirse en una señal de debilidad. Por eso acelera los tiempos. Por eso busca cerrar acuerdos antes de que la discusión pase a la calle y la interna empiece a jugar su propio juego.

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