
Villaverde: el oficialismo va por la jura pese a las críticas

En el Senado, las batallas no siempre se libran en el recinto. Muchas empiezan en los pasillos, donde los teléfonos arden y las promesas cambian de dueño varias veces al día. Así llega la Cámara alta al viernes: con un oficialismo decidido a que Lorena Villaverde jure como senadora y un peronismo que apostó todo a bloquearla, aun sabiendo que los números no le alcanzan del todo. El escenario es de paridad milimétrica, de esos que no dejan dormir a ningún jefe de bloque.
Confianza libertaria
La mecánica es simple, aunque la política la haga intrincada: la jura debe ser aprobada por los senadores que ya tienen mandato y los que se incorporan. Se define por mayoría simple. El peronismo tiene asegurados 28 votos entre propio y sellos aliados como Unidad Federal. La Libertad Avanza arranca con 19, a los que suma cinco votos del PRO y el eventual acompañamiento de cuatro radicales: Mariana Jury y Rodolfo Suárez por Mendoza, Silvana Schneider por Chaco y Carolina Losada por Santa Fe.
Con esa base, el oficialismo llega a 23 y empieza la zona caliente: convencer a quienes están en el terreno de nadie. Los libertarios buscan que los radicales que no quieran apoyar a Villaverde, al menos, se abstengan. Esa contención tiene nombre y apellido: Daniel Kroneberg, el pampeano que ya dejó claro que preferiría rechazar el pliego. Si no lo mueven, la votación queda en el aire.
Las miradas también apuntan a los provinciales. En la lista de "objetivos a seducir" aparecen Carlos Arce y Sonia Rojas Decut de Misiones, José Carambia y Natalia Gadano de Santa Cruz, Julieta Corroza de Neuquén, Flavia Royon de Salta, Beatriz Ávila de Tucumán y Edith Terenci de Chubut. Cualquier movimiento mínimo de ese grupo puede definir la noche.
Una impugnación que agita el clima
El peronismo activó la impugnación la semana pasada. El dictamen de Asuntos Constitucionales no fue vinculante, pero dejó a la vista el fondo del conflicto: las acusaciones por supuestos vínculos de Villaverde con el empresario Federico Fred Machado, investigado por narcotráfico, y causas judiciales que la involucran en Estados Unidos.
Esas sospechas le dieron al PJ un argumento políticamente cómodo para rechazar su incorporación. Pero el oficialismo niega cualquier irregularidad y avanza. Patricia Bullrich puso su sello al minimizar el escándalo: “Hay mucho ruido y pocas nueces”. Detrás de la frase se esconde un mensaje hacia adentro: cerrar filas y no ceder terreno en un Senado donde cada voto cuesta oro.
El dictamen tuvo dos firmas mayoritarias: una que avala los diplomas del resto de los senadores electos y otra que rechaza el de Villaverde. Esa doble lectura generó una grieta interna en la comisión, pero no alteró el cálculo final: la decisión real se tomará en el recinto, no en el papel.
Y ahí juega otro elemento: Villaverde no podrá votar, con lo cual el oficialismo necesita sostener todos los votos propios y asegurar adhesiones externas para evitar que el PJ imponga su mayoría circunstancial.
La expectativa oficialista es clara: llegar a los minutos finales con una mayoría que habilite la jura y desactive la impugnación. El peronismo, sin números firmes, juega a erosionar políticamente a la legisladora y a exponer las contradicciones libertarias frente a un pliego que arrastra sospechas públicas.
Lo que queda en evidencia, más allá del caso puntual, es una postal perfecta del Congreso argentino en 2025: un oficialismo que hace equilibrio para construir mayorías frágiles, una oposición que encuentra en cada impugnación un modo de desgastar y un Senado donde una abstención vale más que un discurso encendido.
Si Villaverde jura el viernes, será por la misma razón por la que tantas veces se definen las votaciones en la Argentina: porque alguien movió un voto a tiempo, porque otro se abstuvo a último minuto y porque, en el fondo, nadie quiere cargar con el costo político de abrir un frente que no puede sostener después. La rosca, al final, siempre encuentra su forma.














