Lanús: cierra una histórica textil y 50 familias quedaron en la calle

La fábrica Hazan Silvia anunció el cese de actividades y dejó a 50 trabajadores sin ingresos a dos semanas de Navidad. La apertura irrestricta de importaciones golpea de lleno a un sector que vive del trabajo intensivo y del mercado interno.
Región09/12/2025
NOTA 2

Crisis textil y deriva en el sur del Conurbano

Hay noticias que no impactan en un índice, sino en la mesa de una casa. En Lanús, la textil Hazan Silvia bajó sus persianas y dejó a 50 familias frente a un futuro incierto justo cuando el año empieza a despedirse. No es la caída de una marca. 

Es la caída de una trama entera: mujeres y varones que cosieron, cortaron y plancharon durante años, que hacían de la industria un modo de vida y que hoy miran la fábrica cerrada como si les hubieran clausurado un pedazo de barrio.

La explicación oficial circuló rápido: la empresa no puede competir con la avalancha de importados que llegó desde China desde que el Gobierno eliminó mecanismos de protección comercial. 

En los talleres lo dicen sin vueltas. Si un buzo chino entra al país a un precio imposible, el trabajo local pierde no por falta de esfuerzo sino por desigualdad estructural. Y en sectores intensivos en mano de obra, como el textil o la siderurgia, esa desigualdad se paga con empleos, no con balances.

La ironía no se le escapa a nadie en Lanús. Milei construyó su identidad política en torno al anticomunismo y sin embargo la apertura indiscriminada convirtió a China en el mayor beneficiado de su política comercial. 

Cada contenedor que entra con precios de dumping es una fábrica local que peligra. Cada compra por plataformas como TEMU, Shein o Amazon es un comercio barrial que no vende. En el Conurbano este impacto no es teórico. Se ve en los locales vacíos, en los pulóveres que ya no se cortan en Valentín Alsina y en las familias que preguntan qué va a pasar mañana.

Tras el anuncio, los trabajadores se organizaron y acamparon frente a la planta. No lo hicieron solos. La CGT Lanús Avellaneda, las CTA y las 62 Organizaciones Peronistas acompañaron el reclamo. El Ministerio de Trabajo bonaerense dictó la conciliación obligatoria y suspendió los despidos mientras se convoca a una audiencia. 

Es un respiro, no una solución. La empresa ya anticipó que pretende pagar indemnizaciones al 50 por ciento amparándose en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, un atajo legal que los gremios rechazan porque empuja a las familias a aceptar lo mínimo.

El cierre de Hazan Silvia no es un caso aislado. En las últimas semanas cayó una fábrica de frazadas y otra de telas en Burzaco, con otros 60 trabajadores despedidos. 

La región sufre una tormenta que se repite en todo el país: fábricas que no logran vender, comercios que no logran sostenerse y un consumo que se retrae porque las familias priorizan pagar tarifas desbordadas antes que alimentos.

En este contexto, empresarios pymes advierten que el problema no es apertura sino facilitación sin reglas. Hasta hace un año había aranceles, controles y regulaciones que equilibraban la competencia. 

Hoy, cuentan, el mercado quedó librado al precio más bajo, sin evaluar impacto social ni territorial. Y en ese juego de fuerzas, China juega con escala global y salarios que ninguna pyme argentina podría replicar sin destruir su tejido humano.

Lanús, como tantos distritos del sur, sabe que una fábrica no es solo un espacio productivo. Es una red de talleres, ferreterías, corralones, transportistas y almacenes. Cuando cierra una, el efecto dominó recorre cuadras enteras. Por eso duele más que ocurra en diciembre, cuando las familias deberían estar pensando en la mesa navideña y no en si habrá trabajo el mes próximo.

El conflicto ahora está en manos del SECLO provincial, que deberá convocar a empresa y trabajadores para intentar un acuerdo. El barrio espera una salida. Y mientras tanto, queda una imagen que sintetiza todo: obreros en la vereda, mates en mano, mirando una fábrica apagada que durante décadas dio luz a sus hogares.

En el Conurbano, la economía no se discute en paneles. Se vive en el cuerpo. Y cuando una textil histórica baja las persianas, lo que se cierra no es solo una empresa. Lo que se cierra es un futuro que, aunque golpeado, la comunidad todavía quiere defender.

 

Te puede interesar
Lo más visto