
Tenaris sube la presión y la planta de Lanús sigue en riesgo

Milei beneficia al Comunismo Chino y 400 familias sufren
La escena es tan simbólica que parece guionada. Paolo Rocca eligió Valentín Alsina para golpear la mesa y avisar que Tenaris SIAT podría cerrar. No habló públicamente, no hizo conferencias, no subió videos. Filtró la amenaza donde golpea más fuerte: en una planta con casi 40 años bajo el control de Techint, en pleno Conurbano Sur, con 400 trabajadores que se enteraron por los diarios que su empleo pende de un hilo. En Lanús, un distrito donde el 42,1 por ciento es pobre y el 10 por ciento vive en indigencia.
El mensaje viajó rápido. No era una frase al pasar. Era el misil político perfecto en el momento exacto. A días de definirse la licitación para fabricar los caños del primer gasoducto de gas natural licuado del país -un proyecto millonario que define años de dólares futuros- Rocca advierte que si Techint pierde con los tubos importados de China, la planta baja sus persianas. Es el mismo mecanismo que ya lo vio derrotado hace tres semanas, cuando un barco descargó en el puerto rionegrino de San Antonio Este diez mil toneladas de caños chinos listos para enterrar.
Un conflicto que mezcla negocios, geopolítica y territorio
El modelo Milei opera como telón de fondo. Un dólar oficial quieto, financiado por swaps de Estados Unidos, abarató las importaciones y abrió la puerta a la “invasión china” del mercado argentino. Entre enero y septiembre, las compras a China crecieron 66 por ciento y alcanzaron los trece mil millones de dólares. Pekín no subsidia nada. Solo exporta. El que subsidia, sin querer admitirlo, es el Gobierno nacional, al mantener un tipo de cambio que destruye competitividad local para mostrar calma financiera.
Ese dólar barato es, para Techint, una bomba. Para los gigantes chinos, una oportunidad. Para los trabajadores metalúrgicos, una sentencia. De los 400 operarios de SIAT, solo 150 son efectivos. El resto vive con contratos precarios que pueden caer mes a mes. En los grandes proyectos, un metalúrgico con extras llega a los cuatro millones de pesos. Un cierre sería un golpe directo a cientos de hogares que ya sobreviven como pueden en un Conurbano donde la pobreza estructural se acerca al 30 por ciento.
Dentro de la planta, la reacción fue inmediata. Asambleas por turno, rumores, reclamos y una sensación amarga: “Nunca dijeron que podían cerrarla”, contó José Villa, mecánico de mantenimiento e integrante de la comisión interna. Techint nunca lo había puesto en palabras. Y cuando lo hizo, eligió hacerlo hacia afuera, como gesto político antes que como mensaje interno.
Milei y el polvorín del Conurbano
El Gobierno enfrenta una paradoja difícil de resolver. Si defiende la industria nacional con aranceles o beneficios, rompe su narrativa libertaria de libre competencia. Si no hace nada, la fábrica más importante de caños del país se apaga, y el impacto territorial cae en el lugar más explosivo del mapa político argentino: el sur del AMBA.
Lanús, Avellaneda, Quilmes, Lomas, Almirante Brown. Es un corredor donde el empleo industrial es identidad, y donde cada cierre multiplica la bronca. Ya hubo suspensiones, recortes de contratos y achiques. Un cierre en SIAT se sumaría a una lista pesada que en los barrios se resume en una palabra: industricidio.
Rocca lo sabe. Por eso eligió este escenario para presionar. Y porque la licitación del gasoducto GNL no es cualquier disputa. Son 480 kilómetros entre Tratayén y San Antonio Oeste. Una obra estratégica donde Techint quiere recuperar un terreno que perdió. El consorcio Southern Energy -con Pan American Energy, Pampa Energía, Golar y Harbour Energy- recibe ofertas de 15 proveedores de países como Turquía, India o México. Pero Rocca reduce el conflicto a una batalla épica: “industria argentina vs. caño chino”.
El golpe no solo apunta a Milei. También a la UOM, que mantiene tensiones con Rocca desde los conflictos en las plantas del norte bonaerense. Y al gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, eufórico con la llegada de capitales extranjeros para su proyecto energético. El tablero es amplio, pero el campo de batalla está en Valentín Alsina.
En paralelo, Techint tiene una presencia histórica dentro del establishment. Dirige patronales, influye en la UIA, moldea la Asociación Empresaria Argentina. Rocca no actúa en soledad. Actúa sabiendo que su advertencia resuena en oficinas que miran con recelo a un Milei que abrió el mercado sin red y dejó a la industria local en caída libre.
El punto más delicado es político. Milei obtuvo su menor desempeño electoral en el Conurbano Sur. Fue el territorio donde menos funcionó el discurso anti casta. Y ahora enfrenta un escenario donde las familias que dependen de la industria pueden quedar sin trabajo por una decisión que su propio modelo económico facilitó. Para un presidente que necesita evitar estallidos sociales, perder estabilidad en Lanús o sus alrededores sería un costo enorme.
SIAT es más que una fábrica. Es un símbolo de lo que está en juego en la Argentina que Milei quiere construir. Un país donde la competencia es global, pero los que pierden la pulseada no son las empresas, sino las familias de siempre. Rocca, pragmático como pocos, usó esa grieta para enviar un mensaje que en el lenguaje del poder suena a ultimátum: si el Estado no protege, la industria deja de resistir. Y si la industria deja de resistir, la calle se enciende.
El cierre de Tenaris SIAT en Valentín Alsina dejaría a 400 familias sin ingreso en un distrito con más de 42 por ciento de pobreza, mientras el modelo Milei facilita la entrada masiva de caños chinos que compiten con la producción local.


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