
El acuerdo Milei–La Cámpora detonó al PRO y activa Comodoro Py

Macri judicializa designaciones en Auditoría y Magistratura
El Gobierno de Javier Milei volvió a mostrar que su lógica política no reconoce lealtades previas ni discursos de ocasión. Mientras el PRO se sentía acreedor de espacios estratégicos por haber sostenido al oficialismo en votaciones clave, La Libertad Avanza cerró un acuerdo de alto voltaje con el kirchnerismo para repartir cargos en la Auditoría General de la Nación y el Consejo de la Magistratura. El resultado fue inmediato: el PRO acudió a la Justicia y la rosca parlamentaria entró en fase de guerra abierta.
La madrugada en la que la Cámara de Diputados aprobó la designación de los auditores de la AGN condensó el clima de época. Sin dictamen, sin debate y fuera del temario habilitado para las sesiones extraordinarias, el oficialismo avanzó con una votación exprés que dejó heridos en todos los flancos, pero especialmente en el PRO. El bloque amarillo presentó un recurso de amparo para frenar las designaciones, denunciando la inconstitucionalidad del procedimiento y el quiebre del equilibrio institucional.
El poder que importa
La Auditoría General de la Nación no es un organismo menor. Controla el uso de los recursos públicos y funciona como una de las principales herramientas de fiscalización del Estado. El Consejo de la Magistratura, en tanto, define nombramientos, sanciones y el futuro de los jueces. Son espacios donde se juega poder real, no relato. Por eso el reparto de cargos encendió alarmas más allá de los bloques parlamentarios.
El acuerdo dejó al PRO sin uno de los lugares que daba por propios y consolidó una presencia dominante del kirchnerismo en los organismos de control. Para el macrismo, la jugada fue una traición. Para Milei, una decisión fría. Prefirió sellar con Cristina Kirchner, su enemiga discursiva, antes que ceder posiciones al PRO o a los gobernadores que reclaman autonomía de La Cámpora. El mensaje fue claro: el Gobierno negocia con quien le garantiza gobernabilidad futura, no con quien reclama favores pasados.
Detrás del reparto asoma un tablero más amplio. La negociación por la AGN y la Magistratura se conecta con la discusión pendiente por las vacantes judiciales, los pliegos de jueces federales y los lugares en la Corte Suprema. En ese esquema, el kirchnerismo volvió a demostrar que conserva músculo y centralidad, incluso desde la oposición.
El PRO, de socio a demandante
La reacción del PRO fue inmediata y ruidosa. La judicialización de las designaciones expuso no solo un desacuerdo jurídico, sino una fractura política. El bloque que sostuvo al Gobierno en momentos críticos pasó a denunciarlo por violar la Constitución. El salto no es menor: marca el pasaje de aliado táctico a actor desplazado.
Mientras tanto, los gobernadores peronistas observan con desconfianza cómo el kirchnerismo concentra la interlocución con la Casa Rosada. La bronca circula en privado, pero el dato es evidente: Milei eligió negociar con Cristina y su estructura antes que abrir el juego a otros sectores del peronismo o preservar la alianza con el PRO.
La escena deja una conclusión incómoda. En la política de Milei no hay enemigos permanentes ni amigos confiables. Hay decisiones de poder. Y en esta, el Presidente prefirió cerrar con quien controla resortes clave del sistema antes que pagar el costo de sostener una coalición que ya no le resulta indispensable. En la Argentina de hoy, la ideología se declama, pero el poder se administra sin nostalgia.














