La economía volvió a caer y el rebote sigue sin llegar al mercado interno

El EMAE del INDEC registró una baja mensual del 1,5% en abril, dejando en evidencia que la recuperación que proyecta el Gobierno todavía no logra consolidarse. Mientras el agro, la minería y la energía sostienen algunos indicadores, la industria, el comercio, la construcción y el consumo continúan mostrando señales de estancamiento.
Actualidad01/07/2026

NOTA ECONOMIAEl discurso oficial volvió a encontrarse con una realidad incómoda. Después del alivio estadístico que había representado marzo, la economía argentina volvió a retroceder en abril y reabrió un interrogante que ya atraviesa a empresarios, economistas y trabajadores: ¿la recuperación realmente comenzó o sigue siendo una promesa postergada para el próximo semestre?

Los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundidos por el INDEC marcaron una caída del 1,5% respecto de marzo, un retroceso que relativiza el crecimiento mensual del 3,5% observado anteriormente y confirma que la economía continúa moviéndose sobre un terreno inestable. El Gobierno insiste en que la recuperación llegará impulsada por las exportaciones de energía, minería y agro, pero buena parte del aparato productivo todavía no encuentra señales de encendido.

 

Exportaciones fuertes, mercado interno en terapia

La fotografía económica vuelve a mostrar un país partido en dos. Por un lado aparecen sectores vinculados a la generación de divisas —como la agricultura, la minería y los hidrocarburos— que continúan exhibiendo mejores resultados gracias a la demanda externa y al desarrollo de proyectos estratégicos como Vaca Muerta.

Del otro lado permanece la economía que explica buena parte del empleo argentino. La industria manufacturera, el comercio minorista, la construcción, la pesca e incluso la producción automotriz siguen reflejando dificultades para recuperar niveles de actividad compatibles con un crecimiento sostenido.

No se trata solamente de un problema estadístico. Cuando la industria produce menos, el comercio vende menos y la construcción permanece frenada, el impacto se traslada rápidamente sobre el empleo, los salarios y el consumo. Allí aparece el principal límite del modelo económico actual: la macroeconomía muestra algunos indicadores estabilizados, pero la microeconomía continúa sintiendo el ajuste.

Los números tampoco ayudan a consolidar la idea de una recuperación vigorosa. Durante los primeros cuatro meses del año, el crecimiento acumulado apenas alcanza 0,3%, una variación demasiado modesta para un país que viene de una recesión profunda y que necesita recuperar rápidamente producción, inversión y puestos de trabajo.

Mientras tanto, los indicadores laborales siguen reflejando tensión. En el último año desaparecieron cerca de 500.000 empleos registrados, una cifra que explica por qué la desaceleración inflacionaria todavía no consigue traducirse en una mejora perceptible del bienestar cotidiano. La pérdida del poder adquisitivo continúa condicionando el consumo, principal motor histórico de la economía argentina.

El Gobierno sostiene que mayo y junio mostrarán un escenario diferente gracias al empuje exportador. La apuesta oficial consiste en que el ingreso de dólares provenientes del agro, la minería y el petróleo termine irradiando al resto del sistema productivo. Sin embargo, ese derrame todavía no aparece en los sectores que dependen del mercado interno.

La discusión ya dejó de ser si la inflación baja o no. El verdadero interrogante pasa por saber cuándo esa estabilidad llegará a las fábricas, los comercios y los hogares. Porque una economía puede exhibir equilibrio fiscal y superávit externo, pero si la actividad continúa debilitándose, la inversión demora, el empleo no reacciona y el consumo permanece deprimido, la recuperación termina siendo más una expectativa que una realidad.

En economía política existe una diferencia decisiva entre estabilizar y crecer. La primera puede lograrse con disciplina fiscal y anclas monetarias. La segunda requiere crédito, inversión, salarios, demanda y confianza. Hoy la administración de Javier Milei asegura que ese proceso está en marcha y vuelve a señalar al segundo semestre como el punto de inflexión. Pero los datos de abril vuelven a poner una cuota de escepticismo sobre esa promesa.

La economía argentina ya no atraviesa el derrumbe de los peores meses de la recesión. Sin embargo, tampoco logra encender los motores de una recuperación amplia. Y mientras el calendario político avanza, cada mes que pasa sin una mejora visible convierte al próximo semestre en una promesa que, una vez más, sigue corriéndose unos metros hacia adelante.

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