
La crisis alimentaria golpea al Conurbano Sur y ya alcanza a familias de colegios privados
La preocupación ya no se limita a los comedores comunitarios ni a los barrios más postergados. En el Conurbano Sur, donde las parroquias mantienen un contacto cotidiano con las familias, la Iglesia comenzó a observar un cambio que enciende todas las alarmas: hogares que hasta hace poco sostenían su economía sin ayuda hoy recurren a la asistencia alimentaria para llegar a fin de mes.
Ese escenario fue uno de los ejes de la reunión que mantuvieron representantes de la Iglesia Católica con autoridades del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad bonaerense. Allí, obispos y referentes de Cáritas trasladaron una preocupación que nace del trabajo territorial diario: la demanda crece mientras muchos espacios comunitarios enfrentan dificultades para sostener su funcionamiento.
Las parroquias, una red que recibe cada vez más pedidos
El diagnóstico no surge de una estadística aislada sino del contacto permanente con vecinos que golpean las puertas de iglesias, comedores y centros comunitarios.
Según expresaron los representantes eclesiásticos durante el encuentro, incluso familias que envían a sus hijos a escuelas parroquiales comenzaron a solicitar ayuda para cubrir necesidades alimentarias básicas, una situación que refleja cómo la crisis atraviesa a sectores que históricamente no requerían este tipo de acompañamiento.
Desde la Provincia reconocieron que el escenario se volvió más complejo y señalaron que los programas alimentarios continúan bajo presión. En ese marco, se destacó la actualización de algunos programas sociales y el incremento de recursos destinados a distintos dispositivos de asistencia, aunque las propias autoridades admitieron que esas medidas representan un alivio parcial frente al crecimiento de la demanda.
En el Conurbano Sur, donde las redes comunitarias tienen una fuerte presencia, la preocupación también movilizó encuentros entre intendentes, la Iglesia y organizaciones sociales. En Lomas de Zamora, el intendente Federico Otermín mantuvo una reunión con el obispo Jorge Lugones y representantes de Cáritas para analizar el escenario social y fortalecer el trabajo conjunto en los barrios más afectados.
La misma lógica de articulación también alcanzó a otros distritos de la región. Semanas atrás participaron de una reunión con autoridades eclesiásticas los intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Andrés Watson (Florencio Varela), junto a jefes comunales de otros municipios bonaerenses. Del encuentro también formó parte el diputado provincial Mariano Cascallares, uno de los dirigentes que viene acompañando iniciativas vinculadas al fortalecimiento de las políticas sociales en la provincia.
La coincidencia entre los distintos actores tiene un punto en común: las parroquias, comedores y organizaciones comunitarias están absorbiendo una demanda creciente en un contexto donde muchas familias llegan con mayores dificultades para cubrir gastos cotidianos.
El impacto no se limita únicamente a la alimentación. Quienes trabajan diariamente en los barrios también observan un aumento de situaciones vinculadas al endeudamiento familiar, problemas de salud mental y mayores niveles de vulnerabilidad entre niños, adolescentes y adultos mayores.
Por eso, más allá de las diferencias políticas, tanto la Provincia como la Iglesia mantienen abiertos canales de diálogo para coordinar respuestas. El objetivo es sostener programas alimentarios, fortalecer dispositivos comunitarios y evitar que espacios que cumplen un rol fundamental en los barrios deban reducir su actividad por falta de recursos.
En el Conurbano Sur, donde la solidaridad vecinal forma parte de la identidad de muchas comunidades, el desafío ya no pasa solamente por asistir una emergencia puntual. Se trata de sostener una red que, desde hace años, acompaña a miles de familias y que hoy enfrenta una realidad más exigente que nunca.
Porque cuando una parroquia empieza a recibir pedidos de ayuda de quienes hasta hace poco lograban sostenerse por sus propios medios, la noticia deja de ser únicamente económica. Se convierte en un termómetro social que habla del presente de los barrios y recuerda que, en los momentos más difíciles, las primeras respuestas suelen nacer mucho antes de llegar a cualquier oficina pública: nacen en la comunidad.





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