
La actividad volvió a caer en julio y la recesión se afirma en el empleo, la industria y la inversión
La economía argentina volvió a retroceder en julio y el problema ya no parece un tropiezo aislado dentro de una recuperación sostenida. Las primeras estimaciones privadas muestran otra caída mensual de la actividad, con señales particularmente débiles en empleo, industria y compra de maquinaria. Hay sectores que crecen y variables financieras que mejoran, pero la economía que produce, contrata trabajadores y mueve el mercado interno continúa sin encontrar un piso firme.
El Índice Líder de Actividad de Argentina (ILA-ARG), elaborado por las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe, estimó una contracción mensual del 0,15%. Es menor al retroceso del 0,24% registrado en junio, aunque confirma que julio tampoco consiguió quebrar la secuencia negativa.
La comparación interanual ofrece una fotografía más favorable: el indicador todavía se ubica 3,9% por encima de julio de 2025. Pero comparar contra un año anterior no responde la pregunta que importa ahora: hacia dónde está marchando la economía. Y allí los números mensuales muestran un escenario bastante menos confortable.
Equilibra llegó incluso a una estimación más negativa. Calculó una caída del 0,5% respecto de junio y apenas 0,5% de crecimiento interanual. Su serie muestra además un dato difícil de disimular: desde febrero de 2025 hubo retrocesos de actividad en 10 de 17 meses. Más que una recuperación lineal, la economía viene dibujando un serrucho.
La economía financiera corre por un carril y la producción por otro
La composición del retroceso ayuda a entender el problema. La actividad no primaria cayó 1% interanual y 0,4% mensual desestacionalizada en julio, acumulando cuatro meses consecutivos de contracción. Es una zona sensible porque allí aparecen buena parte de las actividades industriales y de servicios que explican empleo y consumo urbano.
Esa diferencia vuelve a mostrar una economía partida: los sectores vinculados con recursos naturales pueden avanzar mientras el entramado que depende de la demanda doméstica permanece debilitado.
El ILA-ARG encontró algunos datos positivos. El gasto de capital nacional aumentó 8,2% mensual desestacionalizado después de tocar un mínimo histórico en junio. También aportaron favorablemente el tipo de cambio real multilateral y el índice bursátil medido en dólares, que acumuló nueve meses de avances.
El problema aparece cuando se baja de la pantalla financiera a la fábrica. El patentamiento de maquinaria agrícola e industrial sumó tres meses consecutivos de caída y la industria química retrocedió después de ocho meses favorables. La base monetaria, además, completó diez meses de contracción.
El mercado laboral tampoco acompaña la idea de una recuperación robusta. La creación neta de empleo mostró su cuarto registro negativo de los últimos once meses y las expectativas empresariales de contratación volvieron a terreno desfavorable después de la mejora observada en junio.
Incluso la recaudación de impuestos internos, excluido el IVA, acumuló su segunda baja leve. No es un dato espectacular para una conferencia de prensa, pero sirve para mirar el movimiento efectivo de una economía que todavía funciona con poca tracción.
El Gobierno puede exhibir equilibrio fiscal, mejores activos financieros y sectores exportadores dinámicos. Son variables relevantes, pero ninguna reemplaza indefinidamente al empleo, la inversión productiva y la demanda.


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