Dánica cierra en Llavallol: de 150 trabajadores a 30 y una fábrica que llega al final

La planta dejará de operar el 30 de septiembre, veinte meses después de una reapertura negociada que evitó el cierre anterior. La historia económica sigue después de los empleos: ahora quedan bajo la lupa la producción, las máquinas, las indemnizaciones y el futuro del predio donde Dánica nació industrialmente en 1939.
Región23/09/2026

NOTA 2 Dánica llegará al 30 de septiembre con unos 30 a 35 trabajadores en Llavallol. En enero de 2025, cuando la fábrica parecía terminada, el conflicto involucraba a alrededor de 150. Entre un número y otro está la verdadera historia del cierre: retiros, desvinculaciones, una reapertura negociada, asistencia provincial y una operación reducida durante su última etapa. El anuncio de Dorada S.A., perteneciente al Grupo Beltrán, pone ahora fecha final a un achicamiento que llevaba casi dos años.

 

Llavallol no recibió una sucursal de Dánica. Allí comenzó en 1939 la historia industrial de una marca que durante décadas convirtió ese punto de Lomas de Zamora en sinónimo de margarina. El cierre de 2026 tiene por eso una dimensión diferente: puede terminar la fábrica que vio nacer industrialmente a Dánica sin que necesariamente termine la presencia de sus productos en el mercado.

 

La empresa sostiene que atravesó dificultades económicas, productivas y operativas durante un período prolongado y que las medidas adoptadas para recuperar competitividad y preservar los puestos de trabajo no consiguieron revertirlas.

 

El antecedente inmediato muestra hasta dónde llegó esa búsqueda. A fines de 2024 la compañía avanzó con retiros voluntarios y posteriormente notificó el cierre. En enero de 2025 alrededor de 150 trabajadores recibieron telegramas de despido en los que se invocaba el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que contempla una indemnización reducida bajo determinadas circunstancias. El sindicato rechazó ese encuadre.

 

La planta parecía terminada. Una negociación entre la empresa, el Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera y el Gobierno bonaerense consiguió reabrirla. Provincia ofreció asistencia a través de un programa que cubría parte del costo salarial y el establecimiento retomó actividades con una estructura mucho menor. Las reconstrucciones contemporáneas ubicaron aquella dotación inicial en alrededor de 40 trabajadores.

 

De 150 trabajadores a una fábrica mínima

 

Veinte meses después, aquella salida también llegó a su límite. En 2026 quedan alrededor de 30 o 35 trabajadores y, según la explicación empresarial difundida tras el nuevo anuncio, la actividad se encontraba reducida prácticamente al envasado.

 

La secuencia 150-40-30 no describe una única ola de despidos. Resume un proceso de retiros, desvinculaciones, negociaciones y reducción de actividad que transformó la escala de Llavallol antes de que apareciera la fecha definitiva de cierre.

 

Y ahí empieza la pregunta económica más interesante. El 30 de septiembre termina la fábrica de Llavallol, no necesariamente la historia comercial de Dánica. Mientras se apaga el establecimiento donde comenzó la trayectoria industrial de la marca, queda por determinar dónde se fabricarán desde octubre los productos que continúen llegando al mercado.

 

Seguir esa ruta significa seguir también las máquinas. Durante el conflicto anterior circularon informaciones sobre venta de instalaciones, tercerización y eventual traslado de producción. Parte de esas versiones apareció vinculada al financiamiento de las desvinculaciones de 2025. Ahora hace falta determinar qué equipos permanecen en Llavallol, cuáles salieron desde entonces, qué ocurrirá con los restantes y qué establecimiento absorberá la producción.

 

Porque una marca puede continuar en una góndola mientras cambia por completo su geografía productiva. La comercialización permanece, pero el empleo, los proveedores, los costos y la actividad industrial pueden mudarse de territorio.

 

La discusión sobre el costo laboral también necesita escala. Durante el conflicto de 2024, el sindicato sostuvo sobre documentación empresaria que los salarios representaban el 8,7% del costo total de producción en 2023, contra 10,1% en 2022. Si esos números se confirman, el trabajo representaba menos de uno de cada diez pesos del costo productivo. Para reconstruir la ecuación completa todavía faltan ventas, insumos, logística, financiamiento, escala y resultado operativo.

 

El contexto industrial aporta otra pieza, pero no explica por sí mismo la decisión de Dorada. El último dato oficial del INDEC ubicó la utilización de la capacidad instalada industrial en 58,2% durante julio de 2026, frente al 58,4% de julio de 2025. El IPI manufacturero, por su parte, registró una caída interanual cercana al 5% en julio. Son datos nacionales, no el balance de Llavallol. Sirven para ubicar el cierre dentro de una industria con elevada capacidad ociosa, no para atribuir automáticamente una causa a una empresa determinada.

 

Ahora se abre otra cuenta. SOEIA recurrió al Ministerio de Trabajo bonaerense ante el nuevo cierre. La empresa comunicó que mantendrá los salarios hasta la fecha prevista y que avanzará con las indemnizaciones correspondientes. Después de lo ocurrido en 2025, habrá que seguir el instrumento utilizado para cada desvinculación, los montos, los plazos y cualquier nueva instancia de negociación.

 

Y queda un activo mucho más grande que el último plantel: el predio. El anuncio empresario contempla una parada definitiva de las instalaciones bajo la normativa ambiental aplicable. Eso abre preguntas sobre equipos, tanques, residuos, desmontaje y destino posterior del inmueble. Hoy no existen elementos suficientes para convertir anticipadamente ese terreno industrial en una operación inmobiliaria.

Dánica tampoco ocurre en un vacío territorial. Durante 2026 aparecieron otros conflictos fabriles y productivos en Zona Sur, aunque cada empresa tiene sus balances, mercados y problemas propios. La pregunta que empieza a merecer números es otra: cuánto empleo industrial está perdiendo el corredor sur del Conurbano y qué actividades lo están reemplazando.

 

Dánica no se explica contando los últimos 30 puestos. La película empieza cuando había alrededor de 150 trabajadores y continúa con cada actividad que dejó Llavallol. El 30 de septiembre se apagará una planta nacida en 1939. Después habrá que seguir las máquinas, la producción y el capital. Porque si Dánica continúa en las góndolas pero deja de fabricarse en el lugar donde nació, el producto sigue existiendo. Lo que desaparece del mapa es otra cosa: una fábrica del Conurbano Sur.

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