
Santilli dinamita a “Mariú” Vidal y blinda acuerdo con Milei

¿ PRO Amarillo o PRO Violeta?
La escena no tiene sutilezas: Diego Santilli decidió convertirse en el guardia pretoriana del pacto PRO–LLA. En la boleta de José Luis Espert, el “Colo” ocupa el tercer lugar y desde ahí marcó la cancha con un mensaje que fue menos colectivo que personal. “No hay PRO por afuera de La Libertad Avanza”, dijo, y el eco sonó a tiro por elevación contra una sola: María Eugenia Vidal.
Porque Vidal, lejos de buscar refugio, eligió poner el dedo en la llaga: cuestionó el veto a la ley de discapacidad, defendió al Garrahan como gasto intocable y hasta subió un video en redes reafirmando su “no” a subirse a la boleta libertaria. La ex gobernadora juega sola, pero juega fuerte: dejó claro que no se alquila ni se camufla. Y ese gesto, en un partido que se acostumbró a seguir los humores de Mauricio Macri, molesta.
La guerra en el PRO
Lo que estalló públicamente es la radiografía de un PRO dividido. Santilli habla de locomotoras y vagones, con Milei como maquinista y los macristas de acompañantes agradecidos. Vidal, en cambio, intenta frenar esa disolución sin anestesia: “El PRO nació para cambiar la política en serio”, disparó, diferenciándose tanto del kirchnerismo como de la dinámica vertical de los libertarios.
El dilema es realpolitik pura: ¿fusionarse al punto de perder identidad, o mantener bandera propia aunque eso implique quedar relegados? Santilli apostó por lo primero. Vidal resiste con un discurso que mezcla principios con pragmatismo: no irse, no quebrar, pero tampoco prestarse al seguidismo.
El “Colo” habla de consolidar reformas y de confiar en Javier y Karina Milei como armadores. Vidal retruca que no hay épica en recortar hospitales pediátricos ni en convertir la política en tabla Excel de porcentajes.
En la previa a las legislativas, lo que asoma es un choque de estilos más que de cargos: la obediencia entusiasta frente a la disidencia solitaria. Santilli eligió mostrarse alineado, confiado en que la ola libertaria le garantice la banca.
Vidal, con su resistencia pública, intenta dejar sentado que no todo se compra con encuestas y que todavía hay margen para plantarse sin saltar del barco.
El resultado inmediato es una interna incómoda: Milei aplaude la subordinación y mide la lealtad amarilla, mientras Macri juega a dos puntas, sin soltar del todo a ninguno. En ese ajedrez, Vidal paga el costo de ser la única que no baja la cabeza.
Y acá está el detalle que desvela al PRO: la disputa no es por un cargo, es por el alma del partido. Santilli ya eligió ser vagón. Vidal, con sus objeciones, marca que sin identidad propia, lo que queda es un tren bala directo a la disolución. El problema es que en política los trenes no esperan: si te bajás, podés quedarte mirando cómo la formación desaparece en el horizonte.







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