
Quilmes: Matías reconstruye la identidad de su papá

En el sur del conurbano hay historias que nunca se cierran del todo. Una de ellas nació en 1977, en plena dictadura, cuando un niño de tres años fue hallado solo en las calles de Quilmes. Lo bautizaron Omar y, con el tiempo, recibió el apellido de la familia Bianchi que lo adoptó. Casi medio siglo después, su hijo Matías intenta recuperar lo que a su padre le fue negado: la identidad de origen.
Era el 29 de agosto de 1977, mediodía en el barrio La Paz. Un micro de la línea 373 dejó a un chico rubio de mirada atenta en la calle Mendoza, entre las 808 y 809. Nadie lo reclamó. La policía lo trasladó a la comisaría de La Cañada y una familia del barrio lo cuidó hasta que, un año más tarde, fue adoptado por un matrimonio de La Plata. Su fecha de nacimiento se fijó en el 10 de diciembre de 1973.
Ese niño, rebautizado Ezequiel Omar Bianchi, creció con recuerdos fragmentados: que la policía había entrado a su casa, que su padre le dijo “corré y tomá un micro”, que su madre se llamaba algo parecido a Vivas y que tenía un hermano pequeño al que llamaban “Bocha”. Con esas piezas sueltas armó una vida, pero nunca logró conocer a sus padres biológicos. Falleció sin poder cerrar la herida de la pregunta: ¿de dónde vengo?
Hoy, su hijo Matías retoma la posta. Con la fuerza de quien no busca solo para sí, sino para toda una familia, intenta reconstruir la trama que se rompió hace 48 años. “Quisiera saber quiénes fueron los padres de mi papá, mis abuelos, y qué pasó con él”, explica. No se trata solo de genealogía: es la necesidad de poner nombre a la ausencia, de rescatar una historia de entre las sombras de los años setenta, de tender un puente entre generaciones.
El caso interpela a Quilmes y a todo el conurbano. Porque detrás de un nombre borrado puede haber una trama mayor: familias separadas, silencios impuestos, historias que quedaron al margen de los registros oficiales. La búsqueda de Matías se inscribe en esa memoria colectiva: la certeza de que cada identidad restituida repara no solo a una familia, sino a una comunidad entera. El próximo 29 de agosto no será solo un aniversario. Será la oportunidad de volver a preguntar, de abrir puertas y de sumar voces a la búsqueda.








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