
Keanu Reeves se lanza al mar del futuro en Shiver

Keanu Reeves parece haber hecho un pacto con la eternidad. Mientras la mayoría de los mortales envejece, él se multiplica. Puede ser un asesino impecable, un romántico que espera en la terminal de un aeropuerto o un filósofo atrapado en una simulación digital. Ahora, en Shiver, el actor canadiense se sumerge —literalmente— en una nueva aventura donde el peligro no son los humanos… sino los tiburones del futuro.
Dirigida por Tim Miller, el creador de Deadpool, y escrita por Ian Shorr, la película promete lo que Hollywood llama “un high concept con colmillos”. Reeves interpreta a un contrabandista traicionado, que tras un golpe fallido termina atrapado en un bucle temporal dentro del Caribe. Cada intento de escapar lo enfrenta a nuevos depredadores: tiburones, mercenarios y sus propias decisiones.
El film promete ese tipo de tensión que solo Keanu puede sostener: la que mezcla la calma zen con el filo del peligro. No es solo un thriller de supervivencia, es una meditación sobre el tiempo, la culpa y la repetición. Un Groundhog Day pero con escualos carnívoros y un aire apocalíptico que recuerda tanto a Al filo del mañana como a The Shallows.
Hollywood está expectante. El proyecto circula entre los grandes estudios desde hace meses y la competencia por producirlo fue feroz. No es casualidad: Shiver llegará en el año del 50° aniversario de Tiburón, la película que cambió la historia del cine. Y nada seduce más a la industria que la nostalgia mezclada con sangre nueva.
La apuesta es grande. Keanu vuelve a su zona de confort emocional: la del héroe cansado, herido, pero todavía creyente. Es el hombre que siempre elige volver, aunque el mundo se derrumbe. En Matrix buscaba la verdad; en John Wick, la redención; en Shiver, quizás la supervivencia como una forma de esperanza.
Miller, que ya demostró que puede transformar la violencia en un ballet visual, promete una estética húmeda, salada y eléctrica. No será solo una película de tiburones. Será una reflexión sobre el ciclo del tiempo, la ferocidad del mar y el instinto humano por empezar otra vez.
Si el océano fue siempre una metáfora de lo inconsciente, Reeves parece listo para bucear hasta el fondo. Su sola presencia convierte cada historia en una fábula sobre la resistencia y la ternura. Verlo enfrentarse a tiburones mutantes o a los fantasmas de su pasado es casi lo mismo: en ambos casos, pelea con el abismo.
Entre la acción y el delirio, Shiver podría devolverle al cine de tiburones la mística perdida desde los tiempos de Spielberg. Y a nosotros, ese placer adolescente de ver a Keanu Reeves —sereno, estoico, irremediablemente bello— enfrentarse a lo imposible.
Porque, al final, si hay alguien capaz de sobrevivir al futuro, a los tiburones y al propio Hollywood, ese es él.



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