
Caso ANDIS: la trama de poder en la caja de la discapacidad

Avanza la investigación
El caso ANDIS dejó de ser un escándalo aislado para convertirse en una radiografía de cómo se arma una caja dentro del Estado cuando nadie mira. No se trata solo de un director que cayó en desgracia, ni de un par de audios que hacen ruido en redes. Lo que aparece en el expediente es una estructura pensada para recaudar, disciplinar y operar pagos con una soltura que cualquier operador de la política envidiaría, si no fuera porque el escenario es el sistema de protección a personas con discapacidad.
La investigación del fiscal Franco Picardi encontró más que irregularidades administrativas. Encontró método. El chat creado el 15 de febrero de 2022 funciona como un manual de funcionamiento interno: órdenes, favores, listas de pagos, cambios de personal, incorporación de empresas al sistema SIIPFIS y hasta el nivel de cercanía con el que se movían: se decían familia. No era metáfora, era modus operandi.
El grupo era chico, compacto y ambicioso. Daniel Garbellini como articulador interno. Pablo Atchabahian marcándole la agenda a pesar de no estar en el organigrama. Mariano Caballi y Patricio Rama, con vínculos directos con el empresario Miguel Ángel Calvete. Y desde el Ministerio de Economía, la presencia de Ornella Calvete, administrando contactos con laboratorios con una soltura que recuerda la frase que le envió por chat: te voy a regalar una Lambo. La respuesta fue todavía más cruda: no hace falta, con el 3 por ciento para KM está perfecto. La familiaridad de los negocios, pero con presupuesto estatal.
El expediente suma otra pieza clave: el acceso desde afuera al sistema SIIPFIS. Según el fiscal, una empleada de Roche, Luciana Ferrari, operó con un usuario y contraseña habilitado por Garbellini a pedido de Atchabahian. Es difícil encontrar una síntesis más clara de lo que es una caja co-gestionada por privados que deberían estar afuera de la toma de decisiones. Y aun así, entraban.
Los chats mencionan a Karina Milei como la que define todo y a Spagnuolo como quien habría pedido específicamente la ANDIS. No hay que ser experto en rosca para leer el subtexto: un organismo que maneja pagos millonarios, dispersos y con poca visibilidad pública es terreno fértil para los que buscan una estructura dócil.
El cuadro se completa con las imágenes de las cámaras de seguridad en la casa de Calvete, donde se ve a Spagnuolo entrando con una mochila. Las conversaciones previas no dejan mucho margen para interpretaciones amables. Calvete pidiendo cinco millones en efectivo para resolver el viaje del pelado que se iba a Israel. Logística simple, como si manejar dinero en efectivo fuera parte del reglamento interno de la agencia.
Lo inquietante no es solo lo que hicieron, sino dónde lo hicieron. La ANDIS es el organismo que debe garantizar derechos, tratamientos y acompañamiento a una población que ya vive en condiciones vulnerables. Convertir eso en una ventanilla de pagos direccionados no es solamente corrupción. Es una traición moral al sentido mismo del Estado.
El caso todavía sigue avanzando y las indagatorias abrirán nuevas capas de responsabilidad. Pero el mensaje que deja esta trama es incómodo: cuando la política se corre y deja espacios libres, otros los ocupan. No siempre con votos, pero sí con contactos, chats y mochilas. Y en ese juego, la discapacidad quedó reducida a un detalle administrativo. El poder real, como siempre, estaba en otro lado.














