Changuito en rojo: consumo cae 6 meses seguidos

El consumo cayó 0,8 por ciento interanual y 0,2 por ciento mensual, hilando seis bajas seguidas. Los mayoristas se hundieron 13,1 por ciento y marcaron el peor registro del año. El acumulado positivo de los supermercados ya se evapora y el bolsillo sigue sin señales de despertar.

Actualidad27/11/2025
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El bolsillo no arranca

 

El dato llegó el 26 de noviembre y fue un mazazo más en un año donde el consumo no logra levantar: septiembre mostró una caída de 0,8 por ciento interanual y 0,2 por ciento mensual en términos desestacionalizados. Seis meses consecutivos de retrocesos. En la economía real, eso significa changuitos flacos, tickets más chicos y familias que estiran la compra como si fuera un deporte de resistencia.

El panorama se vuelve peor cuando se mira la otra mitad del tablero: las ventas mayoristas se derrumbaron 13,1 por ciento interanual y 5,2 por ciento mensual, su nivel más bajo en todo 2025 y el peor dato desde diciembre del año pasado. El termómetro del consumo masivo no solo está frío. Está helado. Y donde primero se siente es en las ventas de volumen, esas que anticipan lo que después llegará a góndola.

El acumulado enero-septiembre todavía muestra un +2,7 por ciento en supermercados, pero es un espejismo estadístico. La desaceleración de los últimos meses se comió cualquier margen. El crecimiento acumulado es como esa foto de vacaciones que seguimos guardando cuando la realidad ya no se parece en nada. Lo que manda es la tendencia, y la tendencia es caída.

 

Ganadores y perdedores en la góndola

El detalle por rubro revela un comportamiento que mezcla inflación, sustitución y supervivencia. La indumentaria, el calzado y los textiles del hogar crecieron 53,4 por ciento nominal. Carnes subió 45,2 por ciento. Alimentos preparados y rotisería avanzó 35,2 por ciento. Son rubros donde el precio empuja más que la demanda. Nada indica recuperación, solo inflación y recomposición parcial.

En el mundo mayorista, la foto es distinta. Ahí se ve quién pierde volumen de verdad. Los electrónicos y artículos para el hogar cayeron 18,7 por ciento nominal. En otras palabras, no hay plata para grandes compras. Artículos de limpieza y perfumería retrocedieron 0,4 por ciento. Carnes subió 29,9, panadería 15,6 y bebidas 13,3. Rubros defensivos, de segunda selección, donde la gente baja calidad para sostener consumo básico.

 

Tarjeta reina, QR creciendo y efectivo a la baja

Los medios de pago también explican cómo se compra cuando la billetera no acompaña. La tarjeta de crédito representó el 44,1 por ciento de las operaciones. Es la dueña del mes. La reina del consumo angustiado. Se usa porque no alcanza, no porque convenga. El débito quedó en 26,4 por ciento y el efectivo apenas en 16,2 por ciento. El dato más llamativo es el crecimiento del segmento “otros medios”, donde entran billeteras, QR y vales: subieron 62,5 por ciento interanual. Son sistemas rápidos, sin fricción y con promociones que sostienen algo de movimiento. Es el nuevo refugio del consumo pobre.

En los mayoristas se ve lo mismo: las compras con QR y billeteras ocupan 32,9 por ciento del total y son el único método con suba real. El efectivo y el débito caen porque no hay plata disponible en cuenta.

 

CABA se hunde, el GBA apenas aguanta

El comportamiento territorial completa la escena. En ventas mayoristas, la Ciudad de Buenos Aires muestra una caída nominal de 11,4 por ciento. En el Gran Buenos Aires hubo un leve aumento del 2,2 por ciento. Y en el resto del país, 13,1 por ciento. La lectura es simple: la crisis pega más fuerte donde el ingreso real se erosionó primero y donde el comercio chico no tiene espalda para aguantar.

En supermercados, las subas nominales más altas se dieron en Catamarca (35,3), Neuquén (30,4), Río Negro (29,8), el resto de Buenos Aires (27,8) y Tierra del Fuego (27,1). CABA quedó en 25,4. Ninguna de estas cifras es recuperación. Todas son precios corriendo por adelante.

El cierre es inevitable. La política habla de reformas, productividad, inversión y un futuro que siempre está un trimestre más lejos. Pero en el changuito lo que se siente es otra cosa: menos volumen, más tarjeta, más cuotas para comprar lo básico y salarios que siguen respirando por tubos. La pregunta que atraviesa a todo el mundo económico es obvia: ¿cuándo arranca el bolsillo o seguimos en modo supervivencia permanente?

 

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