
Milei crea la Secretaría Nuclear y Santi Caputo toma el control

La puja por el uranio
En política, los cambios estructurales nunca son meramente técnicos. La creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares que anunció el Ministerio de Economía tiene la forma de un reordenamiento administrativo, pero el fondo es otro: un desplazamiento de poder dentro del sector energético más sensible del país. La designación de Federico Ramos Nápoli, un abogado de 30 años con ascenso meteórico en Dioxitek, confirma que la caja nuclear quedó bajo el radar del estratega presidencial Santiago Caputo, la figura más influyente del mileísmo después del propio Presidente.
El mensaje interno fue claro. La nueva secretaría dependerá de Luis Caputo, pero no de la Secretaría de Energía. Funcionará en un carril propio, paralelo y blindado. Hasta ahora, la política nuclear orbitaba alrededor de Demian Reidel en Nucleoeléctrica Argentina, el hombre que había articulado el Plan Nuclear Argentino presentado el 20 de diciembre. Con el nuevo esquema, Reidel conserva la gestión operativa de las centrales, pero pierde la conducción estratégica. El tablero quedó partido y la llave de la política nuclear pasó a manos de un hombre de Las Fuerzas del Cielo.
El comunicado oficial habló de “75 años de historia nuclear”, del CAREM, del RA-10 y de la competitividad patagónica para servidores de inteligencia artificial. Discursos de manual. Lo relevante circuló por otro lado. Ramos Nápoli no fue elegido solo por su experiencia técnica. Fue elegido porque es parte del dispositivo político de Santiago Caputo, un armado que no para de crecer hacia áreas sensibles del Estado. Desde la comunicación hasta la inteligencia artificial y ahora el uranio, Caputo amplía su dominio sobre sectores donde se cruzan geopolítica, energía y negocios de largo plazo.
La elección no pasó desapercibida. Reidel venía construyendo una presencia fuerte en el área, en articulación con Defensa, la CNEA y Nucleoeléctrica. Su conducción del Consejo Nuclear Argentino parecía consolidar un esquema estable. Pero la creación de la nueva secretaría reconfigura completamente la línea de mando. El gobierno quiere que la definición política nuclear no la realicen técnicos con trayectoria sino un núcleo propio, joven y alineado. Un núcleo que mira la energía no solo como recurso estratégico sino como mercado global en expansión.
Ramos Nápoli tiene una historia que el sector conoce bien. Ingresó como asesor en Dioxitek, escaló como gerente y terminó al frente de la empresa estatal encargada de producir uranio. Allí eliminó el déficit operativo y ordenó el abastecimiento. Pero lo decisivo fue otra cosa: comprendió rápido dónde estaba el nuevo poder y se alineó. “Usó Dioxitek como trampolín. Su interés es integrar toda la cadena del uranio, desde la extracción hasta el combustible”, repiten fuentes del sector.
La jugada coincide además con el movimiento silencioso de Eduardo Eurnekian, que se posicionó en Río Negro a través de estructuras financieras montadas en Luxemburgo. No es casualidad que el desembarco de Eurnekian ocurra justo cuando el gobierno repite que quiere convertir a Argentina en “la Arabia Saudita del uranio”. Cuando grandes capitales miran un sector, la política acelera. Y hoy, la política la escribe Santiago Caputo.














