
Servicios y turismo evaporan la mitad del superávit comercial
Déficit de servicios y turismo en 2025
La cuenta corriente del Balance Cambiario del BCRA volvió a mostrar déficit en 2025 por más de 2.200 millones de dólares, aun cuando el comercio de bienes dejó un superávit cercano a los 20.000 millones -la tercera mejor marca histórica-. La paradoja no es técnica sino estructural: el canal Servicios absorbió más de la mitad de ese excedente y convirtió el resultado global en rojo.
El déficit anual de Servicios alcanzó 10.978 millones de dólares y marcó un récord. Allí conviven turismo, consumos con tarjeta, fletes, seguros, propiedad intelectual y pagos financieros. Es la economía real la que explica el fenómeno, no un desvío contable. Cuando el tipo de cambio se aprecia y los salarios en dólares recuperan algo de terreno, el turismo emisivo crece y la salida de divisas se acelera. En diciembre, los egresos netos por viajes y pasajes sumaron 445 millones de dólares. En el año, 3.548 millones.
Si se amplía la mirada a consumos con tarjeta y viajes, el déficit anual superó los 8.000 millones de dólares, parcialmente compensado por el superávit de servicios empresariales y profesionales -3.422 millones-. Es decir, la economía del conocimiento amortigua pero no revierte la tendencia. El grueso de la sangría proviene de gastos en el exterior, transporte internacional y cargos vinculados a la logística del comercio. Solo fletes explicó 1.447 millones de déficit y los pagos por uso de propiedad intelectual otros 1.134 millones.
Turismo, intereses y dependencia estructural
El problema no es moral ni cultural. No se trata de cuestionar a quien viaja o paga servicios digitales. El punto es macroeconómico. Con un esquema que privilegia importaciones baratas y un peso apreciado, la balanza de servicios se vuelve estructuralmente deficitaria. El propio BCRA reconoce que un 70 por ciento de los consumos con tarjeta se cancelan con dólares propios, pero eso no elimina el impacto en la cuenta corriente cuando esos fondos provienen de depósitos locales.
A esto se suma el ingreso primario. En diciembre, la salida neta por intereses y utilidades fue de 1.243 millones de dólares. En el año, 3.764 millones. Son pagos que reflejan la carga financiera del Estado y del sector privado. Cuando se combinan servicios deficitarios con obligaciones financieras externas, el superávit comercial luce insuficiente.
La lectura política es inevitable. El plan económico exhibe el superávit de bienes como prueba de solvencia. Sin embargo, la dinámica de servicios y rentas externas erosiona ese logro. La línea es creciente: el déficit de servicios no solo es elevado, sino que se consolida como tendencia.
En términos de economía política, la Argentina vuelve a chocar con su restricción externa por la puerta lateral. No es el agro el que falla ni la industria la que se retrae. Es la estructura de gastos externos la que evapora divisas. Mientras la estrategia macro priorice estabilidad nominal sin abordar la competitividad sistémica, el superávit comercial será una foto parcial.
El dato final es elocuente: casi la mitad del esfuerzo exportador en bienes se diluye en servicios al exterior, turismo y pagos financieros. No hay equilibrio sostenible si la cuenta corriente depende de un superávit que se evapora antes de consolidarse. La aritmética cambiaria no admite relatos.














