
Fiorito marchó con antorchas para decirle no a las adicciones y sí a la esperanza
La noche cayó sobre Villa Fiorito, pero esta vez la oscuridad no tuvo la última palabra. Cientos de antorchas y velas iluminaron las calles del barrio durante una caminata que unió a vecinos, familias, organizaciones comunitarias y referentes de la Iglesia Católica en un mensaje tan simple como profundo: frente al consumo problemático y el narcotráfico, nadie se salva solo.
La movilización se realizó en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. La convocatoria nació desde la Fundación Vida Nueva, integrante de la red de Hogares de Cristo, y contó con el acompañamiento de la Diócesis de Lomas de Zamora y del Municipio, que volvió a respaldar una iniciativa que con el paso de los años se transformó en un símbolo de compromiso territorial.
Al frente de la peregrinación estuvo el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, quien caminó junto a los participantes durante todo el recorrido, compartiendo oraciones y un mensaje de cercanía con quienes atraviesan situaciones de consumo y con las familias que sostienen, muchas veces en silencio, el peso de esa batalla cotidiana.
Cuando la comunidad decide no mirar para otro lado
La columna partió desde las inmediaciones de la estación ferroviaria de Fiorito y avanzó hasta el Santuario Santos Latinoamericanos, ubicado sobre Camino Negro, muy cerca del Puente La Noria. Durante el recorrido no hubo consignas de confrontación. Hubo abrazos, canciones, silencio, reflexión y la convicción de que detrás de cada persona atrapada por una adicción existe una historia que merece ser acompañada antes que condenada.
El lema elegido, "Cuando cae la noche, María nos ilumina", sintetizó el espíritu de una jornada que buscó llevar esperanza allí donde muchas veces predominan la desesperanza y el abandono.
La escena también volvió a poner en primer plano una realidad que atraviesa a buena parte del Conurbano sur. Localidades como Villa Fiorito e Ingeniero Budge conviven desde hace años con el avance del narcomenudeo y las consecuencias sociales del consumo problemático.
Los operativos policiales y el desmantelamiento de puntos de venta forman parte de la agenda cotidiana, pero quienes trabajan todos los días en el territorio sostienen que ninguna respuesta será suficiente si no existe un fuerte entramado comunitario capaz de contener, prevenir y acompañar.
Ese es precisamente el lugar que desde hace años ocupan los Hogares de Cristo y numerosas organizaciones sociales y parroquiales. Allí donde muchas veces el Estado llega tarde o no logra sostener una presencia permanente, aparecen espacios que ofrecen escucha, alimentación, acompañamiento terapéutico, formación y oportunidades para reconstruir proyectos de vida.
La marcha también fue una demostración de ese tejido invisible que sostiene a los barrios. Participaron vecinos autoconvocados, personas que atraviesan procesos de recuperación, familiares, voluntarios y referentes de distintas instituciones, todos unidos por una misma certeza: la salida de las adicciones no puede pensarse únicamente desde la seguridad o la sanción penal.
Porque combatir el narcotráfico es una obligación del Estado. Pero recuperar a una persona requiere algo más difícil de construir: vínculos, comunidad y tiempo.
Las antorchas que recorrieron Fiorito no pretendieron borrar de un día para otro una problemática estructural. Sí recordaron que, incluso en los barrios más castigados, todavía existen manos dispuestas a levantar al que cayó. Y esa quizás sea la forma más profunda de hacer comunidad.















