
La UNQ revisará las cuentas de 2025 en una Asamblea marcada por el debate sobre el financiamiento

La Universidad Nacional de Quilmes abrirá sus números de 2025 ante su máximo órgano de gobierno. El próximo 29 de septiembre, la Asamblea Universitaria deberá analizar la Memoria y el Balance del último ejercicio encabezado por Alfredo Alfonso, antes del cambio de autoridades que llevó a María Alejandra Zinni al Rectorado. Será una reunión administrativa, pero también una fotografía económica de cómo terminó una etapa de la UNQ en un momento especialmente sensible para las universidades públicas.
La sesión ordinaria fue convocada formalmente mediante la Resolución del Rectorado N° 825/26 y comenzará a las 17 en el Salón Auditorio de la Universidad Nacional de Quilmes, ubicado en Roque Sáenz Peña 352, Bernal.
Allí llegará la documentación correspondiente al ejercicio económico 2025 para su tratamiento por la Asamblea. No son todavía las cuentas de la actual conducción: el período que será puesto a consideración coincide con el último año completo de la administración anterior, encabezada por Alfredo Alfonso.
La diferencia temporal es importante para entender qué se discutirá. María Alejandra Zinni y Daniel Fihman asumieron como rectora y vicerrector el 10 de diciembre de 2025, después de haber sido elegidos por la Asamblea Universitaria
el 20 de octubre de ese año. Su mandato se extiende hasta 2029.
Las cuentas de una universidad que también es parte del territorio
Un balance universitario puede parecer un asunto reservado a contadores, consejeros y autoridades. Sin embargo, detrás de cada número aparecen decisiones que sostienen el funcionamiento cotidiano de una institución por la que pasan estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores. Presupuesto y universidad terminan encontrándose en cuestiones bastante concretas: mantener edificios, garantizar cursadas, desarrollar investigación, pagar salarios y sostener actividades académicas.
En ese sentido, la Asamblea del 29 de septiembre tendrá una doble particularidad. Deberá revisar formalmente el cierre económico de una conducción que ya terminó y lo hará con una nueva administración al frente de la casa de estudios. Es uno de esos momentos donde la continuidad institucional obliga a mirar hacia atrás antes de seguir avanzando.
La UNQ tiene, además, una relación que excede ampliamente su sede de Bernal. Su comunidad se nutre de Quilmes y de distintos municipios del Conurbano, y alrededor de la Universidad circulan todos los días estudiantes y familias para quienes acceder a una institución pública cercana modifica posibilidades educativas y profesionales. Por eso, aunque un balance pueda sonar lejano para quien viaja cada mañana a cursar, la discusión sobre los recursos termina tocando esa experiencia cotidiana.
La convocatoria tampoco ocurre aislada del escenario que atraviesa el sistema universitario nacional. El financiamiento de las universidades públicas permanece instalado en la discusión política y presupuestaria, con los recursos necesarios para sostener sus funciones como uno de los puntos centrales del debate.
Ese contexto no modifica la naturaleza de la reunión ni convierte automáticamente el Balance 2025 en una discusión sobre el presupuesto actual. Son planos distintos. Pero ayuda a explicar por qué hoy cualquier conversación sobre las cuentas de una universidad pública adquiere una relevancia que va mucho más allá de un trámite contable.
La Asamblea Universitaria es precisamente el espacio donde los distintos sectores que integran la vida institucional participan de las decisiones centrales de la Universidad. El 29 de septiembre tendrá delante la memoria de lo realizado y los números con los que cerró 2025. La documentación permitirá observar cómo terminó económicamente la gestión anterior y completar formalmente el balance de aquella etapa.
Después vendrá el desafío de la conducción que asumió en diciembre. Zinni y Fihman recibieron una universidad con historia, estructura y una comunidad profundamente vinculada con el territorio, pero también inserta en un sistema público que discute cómo sostener sus recursos y proyectarse hacia adelante.
Porque las universidades también se construyen con aulas, laboratorios y números que tienen que cerrar. Pero su verdadero balance ocurre cuando esas cuentas pueden transformarse en estudiantes que siguen cursando, investigadores que continúan trabajando y vecinos que encuentran cerca de su casa una puerta abierta al conocimiento. En Bernal, detrás de las planillas que llegarán a la Asamblea, está también esa historia.


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