
Infartos cada vez más jóvenes: cómo cuidar el corazón

La buena noticia: 8 de cada 10 podrían prevenirse con controles y hábitos cotidianos.
¿Qué harías si de repente sentís un peso en el pecho, como si alguien te apretara con fuerza desde adentro? Ese dolor que se corre al brazo, la mandíbula o la espalda no es solo “un susto”. Puede ser un infarto. Y en la Argentina ocurre más de 100 veces por día. La novedad es que cada vez afecta a personas más jóvenes.
Durante años se pensó que el infarto era cosa de varones de más de 50. Hoy la foto cambió. La combinación de obesidad, diabetes, hipertensión y estrés crónico hace que aparezcan antes de los 45. En mujeres, la menopausia borra el efecto protector de los estrógenos y la diferencia de riesgo con los hombres se achica hasta desaparecer.
“Estamos viendo cada vez más casos en pacientes jóvenes, donde el infarto no era algo esperado”, explica el cardiólogo Juan Pablo Costabel. Y aclara que no se trata solo de herencia o genética: el sedentarismo, el tabaquismo, la mala alimentación y la falta de descanso hacen su parte. Incluso factores como dormir mal o vivir bajo presión constante influyen, porque inflaman las arterias y las vuelven más frágiles.
Los números son contundentes: el infarto es responsable de casi un tercio de las muertes en Argentina. Y si bien la mortalidad hospitalaria ronda el 8%, muchas personas mueren antes de llegar a una guardia o incluso después, por complicaciones. Por eso los especialistas insisten: reconocer los síntomas y actuar rápido puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El signo más clásico es el dolor en el pecho: presión, ardor o sensación de quemazón que dura varios minutos o aparece y desaparece. No siempre se queda ahí: puede ir hacia el brazo izquierdo, el cuello, la espalda o la boca del estómago. En algunos casos se acompaña de mareos, sudor frío, náuseas o vómitos. Los médicos repiten una frase clara: el tiempo es músculo. Cuanto más se demora la atención, más tejido del corazón muere.
La buena noticia es que la mayoría de los infartos se puede prevenir. Ocho de cada diez, según estimaciones globales. ¿Cómo? Con pequeños grandes cambios: 150 minutos de actividad física moderada por semana (caminar, andar en bici, nadar), una dieta rica en frutas y verduras, menos ultraprocesados y menos alcohol. Y lo obvio, aunque cuesta: no fumar.
Los chequeos médicos son otra herramienta clave. A partir de los 40 en los varones y los 50 en las mujeres conviene hacerse una evaluación de riesgo cardiovascular: medir la presión, analizar el colesterol y el azúcar en sangre, hacer un electrocardiograma. Si hay antecedentes familiares, aún antes. “Un control al año puede anticipar problemas graves”, resume el cardiólogo Martín Fasan.
Pero no todo depende del consultorio. El corazón también se protege en la vida diaria: dormir lo suficiente, bajar un cambio al estrés, animarse a pedir ayuda cuando el ritmo nos pasa por encima. En tiempos donde todo corre, escuchar al cuerpo es un acto de prevención.
El corazón late unas 100 mil veces por día, sin que pensemos en él. Pero cuando se detiene, nos recuerda lo obvio: sin ese motor no hay nada. En un país donde cada día más de cien personas mueren por infarto, la pregunta no es solo médica, también es cultural: ¿qué lugar le damos al cuidado en nuestra rutina? Tal vez empezar por caminar, comer mejor y hacernos un chequeo sea la forma más simple —y más poderosa— de darle un poco de descanso a ese músculo que, en silencio, nos sostiene la vida.


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