Brutal ataque a un carpincho en country de Canning

Tres hombres que trabajaban para una empresa tercerizada en el country Lares fueron filmados mientras golpeaban brutalmente a un carpincho. Vecinos del propio barrio denunciaron el hecho y lograron que interviniera el Municipio de Ezeiza.
Región20/10/2025
NOTA 2

Indignación en Ezeiza

 

En los videos se escucha a los vecinos gritar. No hay cámaras de seguridad que filtren el horror: lo que se ve es real. Tres hombres persiguen a un carpincho dentro del country Lares de Canning, lo golpean con una barra metálica y lo ahorcan con una soga. Lo hacen mientras el animal intenta escapar, buscando refugio entre los lotes prolijos de un barrio donde la violencia parecía no tener lugar.

El episodio ocurrió a plena luz del día y fue registrado por los propios residentes, que no dudaron en difundirlo en redes. Lo que siguió fue una ola de indignación que cruzó el alambrado: ambientalistas, vecinos y organizaciones proteccionistas exigieron sanciones inmediatas.

“Les grité que lo dejaran, que lo estaban ahorcando. Y siguieron pegándole con el palo. El de seguridad miraba y no hacía nada”, relató una vecina, todavía con la voz quebrada.

 

Cuando la naturaleza incomoda al confort

El carpincho, símbolo del humedal y del equilibrio ecológico, lleva años convirtiéndose en presencia habitual en zonas residenciales de Canning y Ezeiza. Pero para algunos sectores, su irrupción parece una ofensa al orden perfecto de los jardines privados.
En esta historia, los agresores —empleados de una empresa de mantenimiento contratada por el country— actuaron con una violencia desmedida que no solo atentó contra un animal indefenso, sino también contra la idea de convivencia con la naturaleza.

“Fue horroroso. Le pegaron en el lomo, en la cabeza, en la cara. Querían matarlo y subirlo a una camioneta”, contó otro vecino que presenció el ataque. Según su testimonio, el animal fue golpeado durante casi 20 minutos.

Intervención municipal y denuncia penal

El administrador del barrio, Matías Bernal, confirmó que al ver las imágenes se comunicaron de inmediato con la Secretaría de Bienestar Animal del Municipio de Ezeiza, que envió un equipo junto al área de Fauna y un veterinario. “Lo anestesiaron y lo retiraron del lugar. El diagnóstico fue grave: tenía una herida profunda en el cráneo y estaba inconsciente”, explicó.

El animal permanece bajo cuidado municipal y su evolución es reservada. Desde el área de Ambiente confirmaron que se labran actuaciones por maltrato animal, delito contemplado por la Ley 14.346, que prevé penas de prisión de 15 días a un año.

La administración del country informó que los trabajadores involucrados pertenecen a una empresa tercerizada, que ya fue apartada y se encuentra bajo evaluación judicial. “Aportamos todos los datos y avanzamos en una denuncia autónoma. La prioridad ahora es la salud del carpincho y que haya justicia”, agregó Bernal.

 

Una reacción que marca un cambio

La escena, además del repudio, dejó una enseñanza sobre cómo los barrios cerrados se piensan a sí mismos. Fueron los vecinos quienes filmaron, denunciaron y empujaron la intervención. En tiempos donde el límite entre naturaleza y urbanización se vuelve difuso, el gesto de quienes eligieron no mirar para otro lado fue tan importante como la respuesta institucional.

“Me da miedo vivir en un lugar donde alguien puede disfrutar pegándole a un animal, pero me da esperanza ver que hubo gente que se plantó”, dijo otra residente.

En las últimas horas, asociaciones proteccionistas reclamaron sanciones ejemplares y mayor control sobre las empresas que operan en barrios privados. Desde el Municipio remarcaron que el caso “abre un debate sobre el respeto por la fauna autóctona y la responsabilidad de todos los actores involucrados”.

En Canning, los golpes contra un carpincho no fueron solo contra un animal: fueron contra la posibilidad de convivir con lo que nos rodea sin destruirlo.
Y quizás por eso, el gesto de los vecinos que denunciaron, filmaron y se indignaron vale tanto. Porque en un país donde a veces cuesta reaccionar, esta vez el dolor no se quedó callado.

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