
Tras los casi 1000 despidos en Fate, otros 2500 están en cuerda floja

Cierre de Fate y riesgo en cadena industrial
El cierre de Fate no se limita a una fábrica que baja sus persianas. El impacto inmediato alcanza a 920 trabajadores directos, pero el verdadero temblor se expande hacia la red industrial que orbitaba en torno al gigante del caucho. La fabricación de neumáticos posee uno de los multiplicadores de empleo más altos del país. Por cada puesto en la línea de montaje se sostienen entre dos y casi tres empleos adicionales. Esa aritmética convierte la caída de Fate en un problema sistémico.
Las estimaciones técnicas indican que cerca de 2.500 puestos indirectos quedan expuestos. Talleres metalúrgicos especializados en matricería, empresas de logística pesada, servicios de mantenimiento industrial y firmas de ingeniería que abastecían casi en exclusividad a la planta ahora enfrentan un vacío difícil de llenar. Muchas de estas Pymes estructuraron su negocio alrededor de un único cliente. La reconversión inmediata resulta improbable.
El deterioro no apareció de un día para otro. El sector del caucho ya mostraba una contracción interanual superior al 20% hacia fines de 2024, según relevamientos industriales. La utilización de capacidad instalada en Fate había descendido al 30%, con una producción que cayó de cinco millones de neumáticos anuales en 2019 a apenas 1,5 millones al cierre. Dos procesos preventivos de crisis marcaron un derrotero de ajuste continuo, con mil empleos perdidos antes del desenlace final.
El multiplicador que inquieta a la industria
El efecto cascada opera sobre una estructura productiva que acumula fragilidades. En los últimos quince años cerraron 58 autopartistas. Hoy quedan alrededor de 420 empresas en el rubro. El fenómeno reciente muestra menos cierres formales y más reducción de actividad, combinada con importaciones crecientes en el mercado de reposición. Cuando la producción local retrocede y la importación avanza, el empleo industrial pierde densidad.
El caso Fate expone la vulnerabilidad de las cadenas de valor en un contexto de apertura comercial y costos internos elevados. Competir con productos importados, en un escenario de energía cara y presión tributaria significativa, tensiona márgenes y acelera decisiones de ajuste. La caída de una empresa tractora altera el equilibrio de todo un entramado.
En economía política, los multiplicadores importan tanto como los números absolutos. Un puesto industrial arrastra proveedores, servicios y consumo local. Cuando ese nodo desaparece, la onda expansiva se siente en cada eslabón. La incertidumbre actual no se traduce solo en balances en rojo. Se traduce en proyectos postergados, en inversiones suspendidas y en trabajadores que no saben si la próxima semana tendrán tarea.
El cierre de Fate se convierte así en un caso testigo. No se trata únicamente de una firma con ocho décadas de historia. Se trata de un síntoma de una industria que pierde escala y capacidad de integración. Los 920 despidos directos ya son un hecho. El interrogante se posa ahora sobre esos 2.500 empleos indirectos que dependen de un entramado que se deshilacha. Cuando la cadena se corta en el eslabón principal, el resto queda a la intemperie.














