
La industria volvió a caer y la recuperación empieza a perder fuerza
La recuperación industrial que el Gobierno daba por encaminada volvió a encontrar un freno. Mayo dejó un dato difícil de disimular: la producción manufacturera cayó 2% respecto del mismo mes de 2025, retrocedió además 0,6% frente a abril y cortó una racha de dos meses consecutivos de crecimiento. El rebote sigue existiendo, pero cada vez parece más concentrado en unos pocos sectores mientras buena parte del entramado fabril continúa perdiendo volumen, empleo e inversión.
El último relevamiento de FIEL confirma una realidad que ya venían anticipando tanto la UIA como distintas cámaras empresarias: la economía puede exhibir algunos motores encendidos, pero la industria argentina todavía no consigue despegar de manera homogénea. Entre enero y mayo la actividad acumula una caída del 0,6% frente al mismo período del año pasado y las diferencias entre ganadores y perdedores son cada vez más profundas.
Una industria partida en dos
El caso más crítico sigue siendo la industria automotriz. El sector volvió a ocupar el último lugar del ranking manufacturero con un derrumbe acumulado del 19,6% en los primeros cinco meses del año. La producción de automóviles encadena once meses consecutivos de retroceso, las exportaciones volvieron a caer después de un breve alivio y las ventas internas también perdieron impulso.
A ese escenario se suma otro dato inquietante: concesionarias y terminales trabajan con elevados niveles de stock mientras las expectativas comerciales siguen deteriorándose. En otras palabras, el problema ya no es solamente producir menos. También cuesta vender lo que ya está fabricado.
La segunda señal de alerta apareció en químicos y plásticos. Después de tres meses de recuperación, el sector volvió a caer por la paralización de la única planta nacional dedicada a producir negro de humo y por la persistente crisis que atraviesa la fabricación de neumáticos, agravada tras el cierre de una de las principales empresas de esa actividad.
La fotografía cambia completamente cuando se observa la refinación de petróleo. Allí la historia es otra. El sector acumula doce meses consecutivos de crecimiento y entre enero y mayo expandió su actividad un 9,7%, alcanzando el mayor nivel de procesamiento de crudo para ese período desde 2008. Hoy funciona como el principal sostén estadístico de toda la industria, desplazando incluso al tradicional aporte de alimentos y bebidas.
Esa heterogeneidad explica buena parte del momento económico. Mientras las actividades vinculadas a energía, minería y algunos segmentos agroindustriales mantienen dinamismo, la manufactura tradicional continúa enfrentando una combinación difícil de resolver: menor demanda, apertura comercial, costos elevados y pérdida de competitividad.
Los datos por tipo de bienes también ayudan a entender la profundidad del problema. Los bienes de consumo no durable crecieron 1,9% y los insumos intermedios avanzaron 1,3%. En cambio, los bienes de capital retrocedieron 5,9% y los bienes de consumo durable cayeron 8,7%. Es decir, las familias siguen comprando lo indispensable, pero postergan las decisiones de mayor inversión. Y las empresas hacen exactamente lo mismo.
El panorama tampoco mejora cuando se observa la difusión de la recuperación. Según FIEL, cerca del 40% de las ramas industriales todavía producen menos que hace un año. La mejora existe, pero continúa concentrada en pocos sectores y no logra expandirse al conjunto del aparato productivo.
El informe mantiene septiembre de 2025 como el posible punto de partida del actual ciclo de recuperación. Sin embargo, advierte que el ritmo observado constituye el más débil entre todos los procesos de expansión industrial registrados desde 1980. No es un detalle estadístico: significa que el rebote existe, pero avanza con una fragilidad inédita.
La economía puede mostrar indicadores positivos impulsados por el petróleo, la minería o algunas exportaciones. Pero una industria donde casi cuatro de cada diez actividades siguen cayendo, donde el sector automotor acumula casi un 20% de retroceso y donde la inversión productiva continúa debilitándose difícilmente pueda convertirse en la base de un crecimiento sostenido. Porque cuando el corazón manufacturero late cada vez más despacio, el problema ya no es solamente cuánto crece la economía. La pregunta empieza a ser qué tipo de economía está creciendo.


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