Macri conserva poder electoral para poner en riesgo la reelección de Milei

Un relevamiento de Isasi-Burdman mostró que una candidatura presidencial de Mauricio Macri reduciría el caudal electoral de Javier Milei y lo alejaría de un triunfo en primera vuelta. Al mismo tiempo, el desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete terminó de consolidar la creciente influencia del PRO sobre las principales decisiones del Ejecutivo.
Política30/07/2026

NOTA MACRI Durante buena parte de su construcción política, Javier Milei presentó al PRO como un espacio agotado y a Mauricio Macri como un actor del pasado. Sin embargo, la política suele tener una ironía difícil de esquivar: cuanto más se enfría el vínculo personal entre ambos, más crece la capacidad de Macri para condicionar el presente y el futuro del oficialismo. Hoy esa influencia se expresa en dos planos distintos pero complementarios. Uno se mide en las encuestas. El otro se administra desde los despachos de la Casa Rosada.

El primer dato surgió de un relevamiento nacional realizado por la consultora Isasi-Burdman entre el 19 y el 25 de julio sobre 1.896 casos. El estudio evaluó distintos escenarios para las presidenciales de 2027 y detectó que una eventual candidatura de Macri tendría un efecto inmediato sobre las aspiraciones reeleccionistas de Milei.

Sin el PRO compitiendo por separado, La Libertad Avanza alcanza una intención de voto del 39%, mientras Fuerza Patria reúne el 23%. Esa diferencia de 16 puntos dejaría al oficialismo muy cerca de resolver la elección en primera vuelta. Pero el escenario cambia cuando Macri decide jugar.

Con el expresidente encabezando una propuesta propia, Milei cae al 35%, Macri captura un 10% y el peronismo mantiene prácticamente intacto su 23%. El dato central no es el volumen electoral del fundador del PRO, insuficiente para disputar un balotaje, sino su capacidad para alterar la ingeniería electoral libertaria. Esos cuatro puntos que pierde Milei modifican la lógica de la elección y vuelven mucho más probable una segunda vuelta que el oficialismo busca evitar desde hace meses.

Como si fuera poco, la misma encuesta detectó otro dato incómodo para la Casa Rosada: en un eventual balotaje entre Milei y Axel Kicillof aparece un escenario de paridad, mientras el 38% de los consultados cree que la economía estará peor hacia fin de año, contra un 33% que espera una mejora. Además, los bajos ingresos (25%) y el desempleo (20%) siguen encabezando el listado de preocupaciones sociales.

 

La colonización silenciosa del gabinete libertario

Pero la presión de Macri no termina en las urnas. También atraviesa el corazón del Gobierno. La designación de Diego Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete terminó de cerrar un proceso que venía desarrollándose casi sin estridencias: buena parte del poder ejecutivo libertario quedó administrado por dirigentes formados durante los gobiernos del PRO.

La paradoja política resulta difícil de esconder. Mientras Milei mantiene diferencias públicas con Macri y busca preservar su identidad frente al electorado libertario, necesita cada vez más cuadros políticos provenientes del macrismo para sostener la gestión cotidiana.

No colonizaron el Gobierno porque Mauricio Macri siga conduciendo personalmente a cada funcionario. Lo colonizaron porque, cuando hubo que gobernar, quienes sabían gobernar provenían mayoritariamente de ese espacio político.

se habló de dirigentes amarillos que se pintaban de violeta. Tal vez ocurrió exactamente lo contrario: el Gobierno que prometía inaugurar una nueva era terminó recubriendo de violeta una estructura de gestión que, en buena medida, seguía siendo amarilla.

Santilli es el símbolo más visible. Su trayectoria como ministro de Ambiente, luego de Seguridad y finalmente vicejefe de Gobierno porteño durante las administraciones de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta lo convirtió en uno de los dirigentes con mayor experiencia ejecutiva que desembarca ahora en el principal despacho político de la Casa Rosada después del Presidente.m Pero el fenómeno excede ampliamente ese nombramiento.

El núcleo económico también habla en amarillo. Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Pablo Quirno y Santiago Bausili ya ocuparon responsabilidades centrales durante la presidencia de Macri y hoy vuelven a conducir las áreas más sensibles de la administración libertaria.

La lista continúa en otras áreas estratégicas con nombres como Gustavo Coria, Ignacio Devitt, Diego Kravetz, Fabián Fernández, María Ibarzabal Murphy, Juan Bautista Mahiques, Leonardo Cifelli y Carlos Torrendell, entre otros funcionarios que pasaron por el universo PRO antes de incorporarse al Gobierno nacional.

El dato ya no parece una casualidad. Cuando Milei llegó al poder redujo el gabinete a diez ministerios con la promesa de construir un Estado diferente. Sin embargo, alrededor del 60% de esas carteras hoy está encabezado por dirigentes con pasado macrista, mientras al menos catorce funcionarios de primera y segunda línea provienen directamente de aquella experiencia.

No necesariamente existe una conducción compartida entre Milei y Macri. Lo que aparece es algo quizá más interesante desde la lógica del poder: una dependencia estructural. La Libertad Avanza construyó una enorme maquinaria electoral, pero nunca desarrolló una burocracia política propia capaz de administrar el Estado. Gobernar exige experiencia, negociación y operadores. Allí el PRO encontró la puerta de entrada.

La fotografía política empieza a mostrar una escena singular. Desde afuera, Macri conserva suficiente volumen electoral para restarle votos decisivos a Milei si decide competir. Desde adentro, sus dirigentes ocupan cada vez más lugares donde se diseñan y ejecutan las políticas públicas. La tenaza está abierta por ambos lados. El Presidente todavía conduce el Gobierno, pero buena parte de quienes mueven las palancas aprendieron el oficio bastante antes de que el color violeta llegara a la Casa Rosada. A veces la política no cambia de dueños: simplemente cambia de uniforme.

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