
León XIV podría visitar el Cottolengo Don Orione, una comunidad de cientos de miles lo espera

Hay lugares del Conurbano que no necesitan presentación para quienes crecieron cerca. El Cottolengo de Claypole es uno de ellos. Detrás de sus puertas hay casi un siglo de historia, generaciones de trabajadores, religiosos y voluntarios y, sobre todo, cientos de personas con discapacidad para quienes ese enorme predio de Almirante Brown no es una institución distante: es su casa. En noviembre podría recibir a un visitante excepcional. El papa León XIV evalúa incorporar la Pequeña Obra de la Divina Providencia a su recorrido por la Argentina.
La posibilidad comenzó a tomar fuerza mientras se organiza la visita pontificia prevista entre el 8 y el 11 de noviembre. El itinerario contempla actividades en Buenos Aires, Luján y Córdoba, pero desde la diócesis de Lomas de Zamora reconocen que existe la posibilidad de sumar el Cottolengo.
No sería una escala cualquiera. León XIV llegaría a una de las obras sociales católicas más emblemáticas del sur bonaerense y a un territorio donde la Iglesia conserva una presencia comunitaria particularmente intensa.
El Pequeño Cottolengo fue fundado en 1935 por San Luis Orione. Actualmente viven allí alrededor de 380 personas con discapacidad distribuidas en doce hogares. A esa comunidad permanente se suman cerca de un centenar de personas que concurren a establecimientos de educación especial y otras 35 que participan de las actividades del Centro Educativo Terapéutico.
Son números importantes, pero dicen poco sin comprender qué representan. Allí la asistencia no consiste simplemente en brindar una cama o atención profesional. El proyecto orionista nació alrededor de una idea profundamente cristiana: ninguna vida puede ser considerada sobrante por su discapacidad, pobreza o grado de dependencia.
Esa concepción sigue siendo el corazón de una obra donde conviven religiosos, profesionales, trabajadores, voluntarios, familias y residentes.
Un Papa en el corazón social de Almirante Brown
La eventual elección de Claypole tendría además una inevitable lectura social. La Pequeña Obra de la Divina Providencia pertenece a una tradición católica que entiende la dignidad humana y la protección de los vulnerables como asuntos centrales de la vida pública. Una matriz profundamente vinculada con la doctrina social de la Iglesia y que durante los últimos años encontró fuertes puntos de fricción con las políticas sociales y económicas del Gobierno nacional.
El escenario tampoco sería neutro. Almirante Brown forma parte del sur profundo del Gran Buenos Aires, una región social y electoralmente muy distante del universo político de Javier Milei. León XIV no aterrizaría allí para participar de una disputa partidaria, pero todo gesto papal posee inevitablemente una dimensión pública.
Mucho más cuando el lugar elegido alberga personas con discapacidad en un momento en que las políticas nacionales hacia ese sector forman parte de una discusión particularmente sensible.
La visita, de concretarse, pondría el foco sobre otra Argentina. No la de los salones oficiales donde se desarrollará parte de la agenda protocolar, sino la que trabaja todos los días alrededor del cuidado, la discapacidad, la educación especial y la asistencia comunitaria.
Mientras tanto, el Gobierno y la Iglesia comenzaron a trabajar sobre la logística del viaje. Karina Milei mantuvo una reunión en Casa Rosada con integrantes de la comisión eclesiástica encargada de preparar la llegada del Pontífice, entre ellos el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. Seguridad, traslados y organización deberán ajustarse para una visita que tendría una dimensión extraordinaria: ningún Papa pisa la Argentina desde el viaje de Juan Pablo II en 1987.
Para Claypole, sin embargo, las discusiones diplomáticas quedarían bastante lejos.
Si León XIV finalmente atraviesa las puertas del Cottolengo, habrá residentes esperando conocerlo, trabajadores que sostienen cotidianamente la institución y una comunidad del sur bonaerense acostumbrada a reconocer ese lugar como parte de su propia identidad.
Don Orione imaginó esas obras para colocar en el centro precisamente a quienes el mundo podía dejar en los márgenes. Noventa y un años después, un Papa podría llegar hasta Claypole para encontrarse con ellos. Entre tanta lectura política inevitable, esa sería finalmente la imagen más poderosa: durante unas horas, el centro del mundo católico podría quedar en un rincón de Almirante Brown.









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