Alquilar se vuelve permanente: crecen los hogares del Conurbano Sur sin acceso a vivienda propia

Los datos de VivienDATA de ACIJ muestran un cambio profundo en el acceso a la vivienda en el GBA: la población que alquila creció más de la mitad desde 2007, mientras persisten problemas en la calidad habitacional.
Región09/09/2026

NOTA 2Alquilar dejó de ser una etapa breve para una porción creciente de las familias del Conurbano. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que el 15,8% de la población de los partidos del Gran Buenos Aires vive en hogares inquilinos. En 2007 era el 10%. En menos de dos décadas, la incidencia del alquiler creció más de la mitad.

 

Los números surgen de VivienDATA, el tablero elaborado por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. La herramienta permite seguir desde 2007 cómo cambian la tenencia, los ingresos, el empleo, la edad, el hacinamiento y la calidad de las viviendas en los principales aglomerados urbanos.

 

No significa que cada inquilino sea pobre ni que alquilar constituya por sí mismo una situación de vulnerabilidad. Significa algo diferente: cada vez más hogares necesitan resolver en el mercado una necesidad básica que generaciones anteriores consiguieron cubrir en mayor proporción mediante la propiedad.

 

Una generación que trabaja y sigue alquilando

 

El fenómeno tiene una marca generacional. En los aglomerados urbanos relevados, algo más del 18% de la población vive en hogares que alquilan, alrededor de 5,5 millones de personas. Entre quienes tienen de 30 a 45 años, la proporción trepa al 25,6%.

 

Es una edad en la que tradicionalmente se consolidaban proyectos familiares y patrimoniales. Hoy, para una parte importante de esa generación, trabajar no garantiza avanzar hacia la vivienda propia. El alquiler puede prolongarse durante años y ocupar el presupuesto familiar.

 

Los datos laborales agregan otra pieza. La tasa de actividad llega al 66,8% entre quienes viven en hogares inquilinos, frente al 52,9% de los hogares propietarios. La diferencia se vuelve fuerte después de los 60 años: permanece económicamente activo el 43,8% de quienes alquilan, contra el 26,5% entre propietarios.

 

ACIJ plantea como hipótesis que la necesidad de afrontar el alquiler puede empujar a más personas en edad jubilatoria a continuar trabajando. Los datos no permiten afirmar que ésa sea la única causa, pero muestran una desigualdad concreta: llegar a la vejez con techo propio cambia radicalmente la economía cotidiana respecto de tener que pagar vivienda todos los meses.

 

El problema no termina en conseguir un techo

 

En el Conurbano además, la discusión habitacional excede la condición de propietario o inquilino. Uno de cada cuatro hogares de los partidos del GBA presenta viviendas cuyos materiales tienen una calidad parcial o totalmente insuficiente. A escala nacional hubo una mejora importante desde 2007, pero ese avance lleva cinco años detenido.

 

Eso permite mirar el problema completo. Una política de vivienda no se reduce a construir casas y tampoco una política para inquilinos termina en discutir contratos. Importan el precio del suelo, los ingresos familiares, el acceso al crédito, la infraestructura y las condiciones materiales del lugar donde se vive.

 

El crecimiento del alquiler en el Gran Buenos Aires ocurre, además, dentro de una transformación nacional. Los hogares inquilinos pasaron del 13,9% en 2007 al 18,4% en 2026. Las diferencias territoriales son grandes: en algunas ciudades alquilan sectores de ingresos elevados ligados a mercados laborales dinámicos; en otras, el alquiler convive con ingresos bajos y mayor fragilidad habitacional.

 

Por eso el dato del Conurbano no admite una explicación cómoda. No prueba por sí solo un empobrecimiento general ni permite saber por qué cada familia alquila. Sí muestra una modificación estructural en la forma de acceder a la vivienda: la propiedad perdió terreno y el alquiler ganó peso.

 

Detrás de esos porcentajes hay decisiones concretas. Seguir en la casa de los padres, compartir gastos, mudarse más lejos, postergar un proyecto familiar o continuar trabajando después de la edad jubilatoria pueden estar atravesados por una misma pregunta: cuánto cuesta sostener un lugar donde vivir.

 

La vivienda es también seguridad económica. Tenerla o no tenerla modifica cuánto ingreso queda disponible, cuánto riesgo puede asumir una familia y con qué tranquilidad atraviesa una pérdida de empleo o la vejez.

 

En el Conurbano, donde el alquiler pasó del 10% al 15,8% desde 2007, esa diferencia alcanza cada vez a más hogares. El desafío no consiste solamente en que todos tengan un techo esta noche. Es conseguir que construir una vida debajo de ese techo vuelva a ser un horizonte posible. Esa transformación ya se siente en los barrios.

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