Deuda joven en el Conurbano Sur: los menores de 35 años quedan atrapados en la mora crediticia

Los bonaerenses de 25 a 34 años encabezan el mapa de morosidad relevado por CEPA. El fenómeno combina ingresos insuficientes, crédito digital de acceso inmediato y una creciente dificultad para salir de las deudas.
Región07/09/2026

NOTA 4 La deuda dejó de ser una herramienta para adelantar consumo y empezó a convertirse, para una parte creciente de los bonaerenses, en una forma de administrar ingresos que no alcanzan. El último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con datos del Banco Central correspondientes a julio de 2026, contabiliza 2.222.026 personas con deudas irregulares en la provincia de Buenos Aires. La tasa de mora llega al 18,1%, por sobre el 15,7% nacional.

 

Ese dato tiene edad. Los bonaerenses de 25 a 34 años forman el grupo más golpeado: 633.218 registran problemas de pago. Entre los 35 y 44 años aparecen otros 570.720 casos. En conjunto, las personas de 25 a 54 años explican el 71,5% de los morosos. En el Conurbano, la radiografía golpea a una generación en plena consolidación laboral y familiar.

No es solamente cuánta deuda existe, sino dónde se tomó. CEPA muestra que 945.082 bonaerenses tienen obligaciones irregulares exclusivamente con billeteras virtuales y otros proveedores no financieros, contra 745.785 que están únicamente en mora con bancos. Otros 531.159 aparecen comprometidos en ambos circuitos.

 

La diferencia está en la profundidad del agujero. La mora entre usuarios de fintech alcanza el 38,1%, frente al 15,2% bancario. Pero el préstamo bancario impago promedio asciende a $3.384.600, mientras que en las billeteras ronda $1.091.776. El promedio general provincial es de $2.670.513.

 

Crédito fácil, salida cada vez más difícil

 

Las billeteras digitales modificaron el acceso al financiamiento. Un crédito puede aparecer en el teléfono sin sucursal, papeles ni demasiadas ceremonias. Esa facilidad amplió el acceso al financiamiento. El problema comienza cuando el crédito rápido deja de financiar una compra excepcional y pasa a cubrir el bache permanente entre ingresos y gastos.

 

Ahí aparece la dimensión económica que ninguna aplicación puede resolver. Si el salario disponible pierde capacidad para sostener consumo, servicios y compromisos acumulados, refinanciar no crea ingreso: compra tiempo. Y el tiempo, cuando tiene tasa de interés, tampoco es gratis.

 

La gravedad del cuadro se observa en la clasificación de los atrasos. De los más de 2,2 millones de bonaerenses alcanzados, 1.425.447 están en Situación 5, la categoría más severa del sistema. Otros 536.683 aparecen en Situación 4 y 260.024 en Situación 3. No es un atraso ocasional, sino una masa considerable con dificultades profundas para normalizar sus obligaciones.

 

Para los menores de 35 años el problema tiene además una dimensión generacional. Son trabajadores que ingresaron a la vida adulta entre empleos inestables, alquileres elevados y crédito disponible en el celular. Tienen acceso inmediato al crédito, pero no necesariamente ingresos igualmente rápidos para devolverlo.

 

Esto importa también para leer la economía real. Una familia sobreendeudada recorta consumo para cuotas; si no puede pagarlas, pierde acceso futuro al financiamiento. En ambos casos se enfría capacidad de compra. Multiplicado por millones, el problema privado aparece en las ventas y la demanda interna.

 

El crédito no es el enemigo. La economía lo necesita para comprar una vivienda, equipar una casa, estudiar, producir o atravesar una emergencia. El problema aparece cuando deja de financiar el futuro y empieza a hipotecar el presente.

 

Buenos Aires ya tiene más de 2,2 millones de señales encendidas. Y la más intensa aparece entre los jóvenes. Una generación que debería estar acumulando ahorro, patrimonio y proyectos está acumulando vencimientos. El teléfono facilitó pedir dinero. La economía todavía tiene pendiente algo bastante más difícil: conseguir que esos jóvenes puedan devolverlo.

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