
Más de 400 trabajadores de SIAT Tenaris Valentin Alsina en alerta y movilización

Argentina le da trabajo a obreros de India
En Valentín Alsina no se habla de macroeconomía ni de cadenas globales de valor. Se habla de turnos, suspensiones y de una palabra que nadie quiere pronunciar demasiado fuerte: cierre. Desde que se confirmó que Techint quedó fuera de la licitación para fabricar los caños del primer gasoducto argentino dedicado a exportar Gas Natural Licuado, la planta SIAT Tenaris funciona en estado de vigilia. Paolo Rocca había avisado lo que podía pasar. Y ahora la amenaza dejó de ser retórica.
El conflicto se cocinó lejos del sur del Conurbano, en mesas donde se comparan precios y planillas. Southern Energy, el consorcio integrado por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG, buscaba tubos sin costura para un gasoducto de casi 480 kilómetros entre Vaca Muerta y San Antonio Este. Techint jugaba de local en experiencia y capacidad instalada, pero perdió en lo único que hoy parece importar: el número final. Su oferta quedó alrededor de un 40 por ciento por encima de la ganadora, presentada por Welspun, una empresa de la India.
La paradoja es incómoda incluso para los propios protagonistas. Durante meses, la discusión pública giró en torno al “avance chino” sobre la industria nacional. Sin embargo, esta vez el golpe no llegó desde Beijing sino desde Bombay. China no se quedó con el negocio, pero Techint tampoco. Y el resultado es el mismo para los trabajadores de SIAT: contrato perdido, futuro incierto.
Desde el Gobierno no hubo matices. Federico Sturzenegger defendió la decisión con lógica de manual liberal. Caños más caros implican menos rentabilidad, menos inversión, menos empleo y menos exportaciones, dijo. También descartó cualquier privilegio tipo first refusal para Techint, bajo el argumento de que eso espantaría competidores. La señal es clara: reglas de mercado, gane el más barato, caiga quien caiga.
El problema es que cuando “cae”, no lo hacen los CEOs ni los balances consolidados. En Valentín Alsina hay unas 400 familias que dependen de una planta fundada en 1948, que sobrevivió a privatizaciones, crisis y aperturas anteriores. Incluso durante los peores años, SIAT ajustó, suspendió, pero nunca estuvo tan cerca del abismo como ahora. En los últimos dos años trabajó por proyectos, con intermitencias y tensión constante. Hoy produce para Duplicar Norte, pero sin el contrato del GNL, el horizonte se achicó brutalmente.
Los delegados de la UOM lo dicen sin vueltas. No se puede competir con China, ni con India, porque juegan en otra liga. Y sin embargo, la industria local queda obligada a hacerlo en una cancha inclinada por la apertura importadora del gobierno de Javier Milei, al que el propio Rocca apoyó políticamente. La ironía no se les escapa a los trabajadores: los dueños bancaron el modelo, pero los que pagan el costo son los de abajo.
El proyecto de GNL promete exportaciones por más de 2.500 millones de dólares anuales desde 2027. Un éxito en términos macro. Pero el sur del Conurbano mira el otro lado del balance: chimeneas que pueden apagarse, empleo industrial que se pierde y un territorio que vuelve a vaciarse de producción.
La Argentina vuelve a elegir eficiencia inmediata antes que músculo propio. El gasoducto que conectará al país con el mundo podría desconectar a Lanús de su historia industrial. Y eso, por más barato que salga el caño, no entra en ninguna licitación.













