
El Conurbano Sur en mora récord: cuatro de cada diez jóvenes ya no pueden pagar sus deudas
Los jóvenes aparecen como el grupo más golpeado por un modelo económico que combina empleo precario, caída del consumo y financiamiento cada vez más caro.
La deuda dejó de ser una herramienta para comprar una moto, equipar una vivienda o financiar un proyecto familiar. En buena parte de la Argentina se transformó en una estrategia de supervivencia.
Y cuando el crédito se utiliza para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir gastos corrientes, la mora deja de ser un problema financiero para convertirse en un síntoma social.
Los números que comienzan a surgir desde distintos relevamientos muestran una fotografía inquietante. Cerca de 5,3 millones de argentinos arrastran atrasos superiores a los tres meses en el pago de sus obligaciones financieras. Detrás de ese dato aparece una realidad más compleja: casi tres de cada diez personas que tienen algún tipo de deuda ya no logran sostener los compromisos asumidos.
La situación se observa en todo el país, pero adquiere una intensidad particular en el conurbano bonaerense, donde las diferencias territoriales exponen dos realidades económicas completamente distintas.
La fractura social del conurbano
Si la mora funcionara como un mapa, mostraría con bastante precisión dónde están los mayores problemas de ingresos de la Argentina.
Mientras distritos del corredor norte como Vicente López presentan niveles de incumplimiento cercanos al 15%, otros municipios del segundo y tercer cordón bonaerense prácticamente duplican esos registros.
Florencio Varela encabeza la lista con más del 38% de sus deudores en situación de mora tardía. Detrás aparecen José C. Paz, Moreno, Malvinas Argentinas y Merlo con porcentajes que superan ampliamente el promedio provincial.
La geografía del endeudamiento no es casual.
Los municipios con mayores niveles de incumplimiento coinciden con aquellos donde el empleo informal tiene mayor peso, los salarios son más bajos y las familias dependen en mayor medida de changas, monotributos de baja escala o actividades vinculadas al mercado interno.
En muchos hogares de la Zona Sur, el crédito dejó de financiar consumo para comenzar a financiar ingresos. Es decir: se toma deuda para cubrir gastos que antes podían afrontarse con el salario.
La diferencia parece sutil, pero es enorme.
Cuando una familia utiliza una tarjeta para comprar alimentos o pagar medicamentos porque el sueldo ya no alcanza, la deuda deja de ser una inversión futura y se convierte en un mecanismo para evitar una caída inmediata en las condiciones de vida.
Por eso los especialistas observan que el problema ya no pasa exclusivamente por la calidad del crédito otorgado por bancos o fintech. La raíz se encuentra en una combinación de pérdida de poder adquisitivo, precarización laboral y encarecimiento sostenido del costo de vida.
Los jóvenes, el eslabón más débil
La situación resulta todavía más preocupante entre quienes deberían estar construyendo sus primeros años de estabilidad económica.
La población de entre 18 y 30 años registra los mayores niveles de incumplimiento de todo el sistema.
Prácticamente cuatro de cada diez jóvenes que tienen algún tipo de financiamiento presentan atrasos graves en sus pagos.
El fenómeno tiene una explicación bastante concreta.
Los jóvenes ingresan a un mercado laboral que ofrece menos empleo registrado, salarios más bajos y una creciente rotación laboral. A eso se suma que gran parte de las plataformas financieras digitales amplió el acceso al crédito de manera acelerada durante los últimos años.
El resultado es una combinación riesgosa: ingresos inestables y endeudamiento creciente.
Las dificultades para conseguir trabajo formal agravan aún más el escenario. Los indicadores laborales muestran que la desocupación juvenil continúa siendo una de las más elevadas del país, especialmente entre mujeres jóvenes.
Por eso el problema de la mora no puede analizarse únicamente desde el sistema financiero. En realidad funciona como un indicador adelantado de tensiones más profundas dentro de la economía real.
La preocupación incluso llegó a los despachos oficiales. El propio Gobierno admitió en las últimas semanas que mantiene conversaciones con entidades financieras para flexibilizar refinanciaciones y evitar un deterioro mayor de las carteras crediticias.
Sin embargo, detrás de cada porcentaje hay algo más concreto que balances bancarios.
Hay familias que dejaron de llegar a fin de mes.
Hay trabajadores que financian alimentos con crédito.
Y hay miles de jóvenes que ingresan a la adultez económica cargando una mochila de deudas antes incluso de haber logrado consolidar un empleo estable.
La distancia entre Vicente López y Florencio Varela no se mide solamente en kilómetros. También se mide en capacidad de pago, estabilidad laboral y expectativas de futuro.
Y cuando la deuda se convierte en el puente entre el salario y la supervivencia cotidiana, la mora deja de ser un problema financiero para transformarse en una advertencia social sobre la economía que realmente están viviendo millones de argentinos.
• 5,3 millones de argentinos tienen atrasos superiores a 90 días en sus deudas.
• Florencio Varela registra el nivel más alto de mora del conurbano: 38,3%.
• Casi 4 de cada 10 jóvenes endeudados presentan incumplimientos graves.
• Cerca de 20 millones de personas mantienen algún tipo de crédito activo.
• Los especialistas advierten que gran parte del endeudamiento actual se utiliza para cubrir gastos básicos y no para consumo durable.








Más de 5 millones de argentinos ya no pueden pagar sus deudas y la mora alcanza niveles récord
Actualidad09/06/2026






