
Kicillof tras toma del PJ, acelera construcción presidencial

PJ bonaerense y reconfiguración de poder
El acuerdo que habilitó la llegada de Axel Kicillof a la presidencia del PJ Bonaerense en reemplazo de Máximo Kirchner es bastante más que la resolución de una puja por el control del partido con La Cámpora. Se trata del paso más contundente de los varios que el gobernador dio, desde 2023 hasta acá, en pos de autonomizarse del kirchnerismo -sin romper con él- con el objetivo de construir, con todo el poder propio que pueda, su candidatura presidencial.
“Hace un año parecía imposible que entregaran el partido”, se congratulaban en el entorno del gobernador después de que Kirchner aceptara lo que consideran un triunfo político importante. Y eso por dos razones. 1) Kicillof le quitó “una trinchera” a sus adversarios internos. 2) Aunque Máximo Kirchner se queda con la presidencia del Congreso -algo que “hubiésemos preferido evitar por sus efectos en el resto del peronismo”, dicen- tanto ese organismo como el Consejo- tendrán mayoría axelista.
El modo en que se cerró el acuerdo es significativo: no hubo contactos entre Kicillof y Máximo. Tampoco habló con Cristina. Todo se cerró a través de intermediarios, lo que ratifica el estado de las relaciones personales entre ellos. La última intervención de gobernador fue -cuentan- para sostener, amenaza de ruptura mediante, la silla de Verónica Magario en la vicepresidencia. Una cosa se relaciona con la otra: la desconfianza imperante es tal que Kicillof solo aceptaba una conducción monocolor.
En La Cámpora no coinciden que la evaluación que hacen en gobernación. Ellos reivindican un rol estratégico de Kirchner: “fue suya la propuesta para que Kicillof presida que terminó destrabando todo”, recuerdan. En el MDF enarcan las cejas. “Acordaron porque la correlación de fuerzas no les daba para imponerse”, replican, sibilinos.
El punto no fue parte del acuerdo actual, pero en La Campora entienden que la candidatura presidencial de Kicillof les habilita una especia de primacía en la disputa por la sucesión. Y van a ir por ella, aunque aún no tengan un nombre para encarnar ese objetivo. (Varios le piden a Máximo una definición al respecto, pero él la retrasa). Un dato: en sus mesas de arena no figura un pedido para volver a desdoblar los comicios el año próximo. Una señal para darle verosimilitud a la promesa de trabajar por Axel.
En el MDF no convalidan esa intención. Es lógico: militan en sus filas varios pesos pesados que quieren ir por la gobernación. El acuerdo en el PJ no implica que todos los frentes de tormenta se hayan despejado, ni mucho menos. El camporismo plantea un apoyo condicionado al despegue nacional de Kicillof: discutirán el programa y escucharán a “otros compañeros que quieren ser”. En el MDF creen que el próximo roce puede ser en el Senado, donde la pelea por colocar al vice 1° (tercero en la línea de sucesión) sigue sin resolución. Incluye dos cargos importantes en el manejo de la plata de ese cuerpo.













