
Un aniversario de Gloria: El legado del Almirante Brown, el irlandés que fundó nuestra Armada, vive en el municipio que honra su nombre
Por Alberto Islas
Almirante Brown (Partido de Buenos Aires). En la soledad de su quinta en Barracas, rodeado de la tranquilidad del campo que contrastaba con el estruendo de las batallas que marcaron su vida, el Almirante Guillermo Brown soltó sus amarras terrenales para siempre. Era la madrugada del 3 de marzo de 1857. Fiel a su estilo de marino, sus últimas palabras, dirigidas a su amigo el padre Fahy, fueron una metáfora de navegante: "Comprendo que pronto cambiaremos de fondeadero, ya tengo práctico a bordo" .
A 168 años de aquel momento, la figura del irlandés que consagró su existencia a la patria de sus hijos no solo vive en los libros de historia, sino que late con fuerza en cada rincón del pujante partido bonaerense que lleva su nombre: Almirante Brown. Desde Adrogué hasta Burzaco, pasando por Longchamps, Glew, Claypole y Ministro Rivadavia, el legado del prócer naval es un pilar fundamental de la cultura y la identidad del municipio del sur del Gran Buenos Aires.
Nacido en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777, la vida de Brown fue una epopeya. Llegó al Río de la Plata justo a tiempo para ser testigo de la Revolución de Mayo y, desde ese momento, abrazó la causa libertadora con una pasión inquebrantable . El historiador Miguel Ángel De Marco, presidente del Instituto Nacional Browniano, lo definió como un hombre cuya existencia fue "la consagración a la religión sublime del deber, la fidelidad a la vieja bandera de su patria adoptiva" .
El temple del Almirante quedó grabado en combates legendarios. En 1814, al mando de una escuadrilla improvisada, derrotó a los realistas en el combate de Montevideo, un triunfo que el General San Martín calificó como "lo más importante hecho por la revolución americana hasta el momento" . Más tarde, durante la guerra contra el Imperio del Brasil, su audacia marcó hitos. Frente a la abrumadora superioridad numérica de la escuadra brasileña, Brown arengó a sus hombres desde la fragata 25 de Mayo en el combate de Los Pozos (1826): "Marinos y soldados de la República... confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria" . Y cuando el almirante enemigo Grenfell lo invitó a rendirse, su respuesta fue tan firme como célebre: "Mi bandera está remachada, así que sigamos con este juego que está más bien caliente" .
Pero Brown no fue solo un guerrero indómito. Como bien recuerdan las crónicas, era un hombre de contrastes: el audaz comandante que imponía respeto en cubierta se transformaba, en su retiro, en un apacible agricultor que disfrutaba cuidar sus flores y cosechar alfalfa en su quinta de Barracas, ayudando personalmente a sus peones . Esa faceta humana, la del hombre que valoraba la sencillez por sobre los honores, quizás sea la que mejor conecta con la idiosincrasia de los vecinos del partido que hoy lo homenajea.
El vínculo entre el prócer y el distrito es mucho más que una denominación oficial. La figura de Brown impregna el espacio público: desde monumentos y plazas que recuerdan su gesta, hasta el nombre de innumerables escuelas, calles y clubes que mantienen vivo su ejemplo. Instituciones como la Asociación Cultural Browniana, con sede en el partido, trabajan incansablemente para preservar su memoria, recordando que Guillermo Brown "simboliza las glorias navales de la República Argentina y su vida estuvo permanentemente consagrada al servicio público" .
En este nuevo aniversario de su fallecimiento, la invitación es a mirar más allá del nombre en el mapa. Es a reconocer en Almirante Brown a ese hombre de coraje y principios que, según las palabras con las que Bartolomé Mitre despidió sus restos, "en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota" . Un legado de valor y entrega que, desde el sur del conurbano, sigue navegando en la memoria colectiva de todos los argentinos.













