
Raúl Juliá y el día en que el cine entró en mi vida
Por Florencia Belén Mogno.
El cine es transformador. Abre puertas y ventanas hacia mundos e historias que pueden dejarnos una huella para toda la vida. Y no es solo la cinematografía en sí misma: los actores y las actrices también pueden dejarnos una marca, como si fuera un hilo rojo que nos conecta con alguien a quien solo conocemos a través de una pantalla. Mi primer “amor” cinematográfico fue Raúl Juliá, quien este 9 de marzo estaría cumpliendo 86 años y, desde mi infancia, cuando lo conocí a través de una pantalla, hubo un hilo rojo que nos conecta hasta hoy.
Yo tenía ocho o nueve años cuando lo vi por primera vez a Raúl en la película The Addams Family. Recuerdo que estaba en la cocina-comedor de la casa de mi abuela Elena. Había ido a pasar el fin de semana con ella y, mientras mi abuela cocinaba, yo estaba sentada a la mesa mirando los dibujitos. Por aquel entonces, mi abuela tenía un televisor antiguo y pesado que funcionaba con botones y un decodificador.
En un momento, me levanté para cambiar de canal y ahí estaba él: era Raúl Juliá en el final de The Addams Family, donde interpretaba a Homero Addams. En la escena, él estaba parado frente a la puerta de la mansión y, junto a él, Anjelica Huston, en la piel de Morticia, le anunciaba que iban a tener un bebé, mostrándole un pijama con tres piernas. Recuerdo el impacto que sentí al ver a esa pareja tan particular, tan amorosamente afectuosa entre sí, con ropa extraña y oscura. Al contrario de lo que podría pensarse, no me parecieron raros ni me asustaron: tuve una sensación de familiaridad, de sentir que yo era como ellos. Y, con ello, también se despertó en mí mi adoración por Raúl.
Al igual que sucedió con otras pasiones musicales y cinematográficas mías, después de ver esa escena, cuando volví a mi casa, le pregunté a mi mamá si ella sabía quién era ese hombre elegante y guapo que yo había visto. Por supuesto, ella sabía y recuerdo que me dijo: “Sí, ese es Raúl Juliá. Es un actor de Puerto Rico”. Ahí estaba el nombre de mi primer amor del cine y, desde esa vez, yo sentí una conexión especial con Raúl. A lo largo del tiempo, mi amor por Raúl creció junto conmigo. En mi niñez, luego de esa primera vez que lo vi, llegó la segunda parte de la historia de Los Addams. También en casa de mi abuela, Cartoon Network estaba transmitiendo The Addams Family Values, donde Raúl y Anjelica bailan tango. Recuerdo lo fascinada que estaba con esa pareja y con ese hombre tan atento y carismático que veía en la pantalla.
Raúl Juliá llegó a mi vida cuando yo era una niña y vino para quedarse. A medida que crecí, empecé a investigar su vida. Mi mamá me contó que Raúl había hecho una película hermosa llamada “El Beso de la Mujer Araña”, junto a Sonia Braga, y las enciclopedias me enseñaron que Raúl se mudó de su Puerto Rico natal a Nueva York para convertirse en un actor exquisito de teatro y cine.

Yo me enamoré de Raúl Juliá cuando era una niña y ese amor y admiración crecieron y se mantuvieron a lo largo de los años. Y mi historia con él ha sido tan especial que realmente creo que hay algo que nos conecta. Porque, a lo largo de momentos complejos de mi vida, cuando necesitaba algo que frenara el ruido en mi cabeza o que me sacara la angustia, por arte de magia u obra del destino, Raúl aparecía en la pantalla con su mítico Homero. No hace falta aclarar que The Addams Family es mi película favorita. Sé de memoria los diálogos completos de toda la película, tanto en inglés como en español. Después de Los Addams, finalmente llegó “El Beso de la Mujer Araña”, “Onassis: el hombre más rico del mundo”, “Tango Bar” y otras películas que descubrí de su trayectoria.
También supe que, además de actuar, Raúl cantaba. Así, en mi adolescencia y, con las bondades de Internet, conseguí todas las canciones que Raúl interpretó cuando protagonizó en Broadway el musical “Nine” en 1982. Y lo más especial que viví en relación a él fue hace unos 10 años. El destino, o quizás eso que nos une, hizo que tuviera la oportunidad de conversar con el hijo menor de Raúl. Le dije que amaba a su padre desde que era muy chica, que lo admiraba y que le agradecía a él el hecho de compartir a su papá con el público. Él me agradeció por mi cariño y me envió una película musical de Raúl que es bastante difícil conseguir en plataformas.
Hoy Raúl cumpliría 86 años y vuelvo a recordar aquella vez en que cambié de canal en el televisor de mi abuela y lo vi por primera vez. Y agradezco a mi profesión el poder escribir estas líneas para homenajear a un hombre que, sin saberlo, me tendió un hilo rojo que nos conecta hasta hoy y me confirmó algo que siempre se dice: que el arte salva en los momentos más difíciles, porque eso fue lo que hizo y seguirá haciendo Raúl Juliá conmigo.
Fuente fotografías: redes sociales.






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