
El asado, cancelado: la carne registra consumo en mínimos históricos
Los precios lo convirtieron en un lujo
Con cortes que ya rondan los $20 mil por kilo, el ritual del asado pierde centralidad en la mesa argentina, en un contexto donde la producción cae y las exportaciones crecen, profundizando el desacople entre la macro y la vida cotidiana.
En la Argentina donde el asado supo ser símbolo de identidad y encuentro, hoy la parrilla se apaga por razones menos culturales que económicas: el consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo en dos décadas mientras los precios escalan muy por encima de la inflación. Con cortes que ya superan los $20 mil por kilo y subas interanuales que rondan el 60%, el ritual del domingo empieza a convertirse en un lujo. La postal es clara: menos carne en la mesa, más presión en el bolsillo y un cambio silencioso en los hábitos de consumo.
El consumo de carne vacuna cayó al menor nivel en 20 años a la par de una aceleración en los precios de los cortes que supera el 60% en los últimos doce meses, de acuerdo a lo informado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
El dato refleja que actualmente el consumo per cápita de carne vacuna en Argentina alcanza los 47,3 kilos por año, lo que implica una caída interanual del 2,5%, al tomar el promedio móvil de los últimos doce meses, según pudo averiguar la Agencia Noticias Argentinas.
El reporte puntualizó que la merma evidenciada significa que el consumo en el país bajó 1,2 kilos por habitante por año, cayendo al menor nivel en 20 años y quedando lejos del mayor registro de las últimas dos décadas (68,4 kilos, en 2008).
Por lo tanto, el consumo aparente de carne vacuna habría retrocedido 13,8% entre enero-febrero de 2025 y el primer bimestre de 2026, siendo equivalente a 332,7 mil tn r/c/h (-53,2 mil tn r/c/h).
El retroceso en el consumo total durante los primeros dos meses del año está vinculado a una merma en la producción , ya que cayó 9,1% respecto al mismo periodo de 2025, lo que implica una contracción de 45,5 mil tn r/c/h en términos absolutos, y a la suba de los precios.
La carne viene acumulado una fuerte aceleración de sus valores en los últimos meses. En febrero, el alza alcanzó el 7,0% mensual, que “fue traccionada tanto por los cortes vacunos como por el pollo entero”.
Entre los cortes vacunos, el precio promedio trepó 7,4% mensual en febrero, con Paleta, cuadril y nalga como los cortes que mayores alzas exhibieron: 8,1% y 8,0% en los últimos dos casos. Por su parte, la carne picada común tuvo un incremento de 7,1% mensual y el asado completó el cuadro con un aumento de 5,7%.
De esta manera, el precio promedio del kilo de asado se ubicó en $16.852,4, que en el caso del cuadril llegó a $19.792,7 y en el caso de la nalga a $20.527,5. El kilo de paleta subió a $15.817,9 y el de carne picada común quedó en $9.521,4.
La caja de hamburguesas congeladas registró un aumento de 7,4% mensual ($6.854,1; caja por 4 unidades). Asimismo, el precio del pollo entero subió a mayor velocidad que el de la carne vacuna por segundo mes consecutivo, 10,2% mensual ($4.489,0 por kilo).
En la comparación interanual, el precio de la carne y derivados lideró el ranking de subas del rubro alimentos con un alza del 54,1%, mientras que el precio promedio del kilo de los cortes vacunos relevados experimentó un crecimiento de 63,6% interanual. Estas subas quedan muy por encima de la inflación oficial registrada en los últimos 12 meses (33,1%).
Desde CICCRA explicaron que la variación alcista se da “en un contexto de recomposición de los precios relativos de los animales en pie, producto de la restricción de oferta que generó la adversidad climática en los años anteriores”.
Así, entre los cortes vacunos, el que más subió de precio fue el asado (67,6%), seguido por el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), el de la nalga (62,1%), y el de la carne picada común (56,6%). Por su parte, la caja de hamburguesas congeladas registró un alza de 55,3% anual y el precio del pollo entero exhibió un incremento de 45,0% anual.
En contraste, las exportaciones de carne vacuna aumentaron a comienzos de 2026. Los envíos al exterior sumaron 124 mil toneladas res con hueso en los dos primeros meses del año: un alza interanual del 6,6%. En ese mismo lapso, se certificaron 43.600 toneladas peso producto (tn pp), un 13,5% más que en el año anterior, compensando la merma de los embarques a China con ventas superiores a Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos.
La conclusión ya no es técnica ni estadística: es cultural. Cuando el asado deja de ser cotidiano y pasa a ser excepcional, lo que se erosiona no es solo el consumo sino una parte del ADN argentino. La caída a 47,3 kilos per cápita no es un número aislado, es la señal de un desplazamiento profundo: familias que migran al pollo, a la carne picada, o directamente a prescindir. Mientras tanto, la recomposición de precios y la restricción de oferta ordenan variables macro, pero desordenan la mesa. La tensión es evidente: equilibrio económico arriba, deterioro simbólico abajo. Y ahí aparece la verdadera pregunta incómoda: ¿hasta qué punto puede ajustarse una economía sin alterar los rituales que sostienen la vida cotidiana? Porque cuando el asado se vuelve lujo, la crisis deja de medirse en puntos de inflación y empieza a sentirse en lo más concreto: lo que falta en el plato y en el encuentro.













