A 50 años del golpe, la sociología interpela el presente y exige una democracia con derechos

En una jornada en La Boca, el Colegio de Sociólogos llamó a ir más allá de la conmemoración. Alejandro Terriles advirtió: “Cuando los derechos retroceden, la democracia también se debilita” y planteó el desafío de reconstruir comunidad en un contexto de desigualdad y fragmentación.
Actualidad25/03/2026

NOTA SOCIÓLOGOS Memoria, democracia y comunidad

  

A cincuenta años del golpe de 1976, la memoria deja de ser un gesto conmemorativo para convertirse en una interpelación urgente al presente. La jornada impulsada por el Colegio de Sociólogos en el Museo Histórico de La Boca expuso que no alcanza con recordar el quiebre democrático: el verdadero desafío es reconstruir comunidad, sostener derechos y disputar el sentido de la democracia en un contexto donde la desigualdad y la fragmentación vuelven a tensionar sus bases.

Durante la apertura, el presidente del Colegio, Alejandro Terriles, planteó que la conmemoración no debe limitarse a un ejercicio retrospectivo, sino que implica una interpelación directa al presente. En su discurso, sostuvo que el golpe cívico-militar significó “una interrupción brutal del orden democrático” y la negación de la política como espacio de pluralidad y construcción colectiva . En ese sentido, remarcó que recordar lo ocurrido hace medio siglo obliga a preguntarse “qué democracia queremos defender hoy”.

 Terriles enfatizó que la defensa de la democracia no puede reducirse a su dimensión formal. Por el contrario, planteó la necesidad de construir una “democracia real”, entendida como aquella que amplía derechos, garantiza la inclusión y promueve condiciones de igualdad y dignidad. “Cuando los derechos retroceden, la democracia también se debilita”, advirtió, subrayando la relación directa entre justicia social y calidad institucional .

Tal como se destacó en la convocatoria difundida por Mundo Profesional, la iniciativa tuvo como objetivo generar un espacio de reflexión colectiva a cinco décadas del golpe, promoviendo el análisis crítico sobre el pasado reciente y su vínculo con los desafíos actuales de la democracia argentina. En ese marco, el encuentro reunió a referentes de amplia trayectoria como Julio Bárbaro, Federico Storani, María Elena Naddeo, Miguel Ángel Forte y Claudio Reinaldo Gómez, quienes aportaron distintas miradas sobre la memoria, la historia reciente y los desafíos actuales del sistema democrático.

A medio siglo del quiebre institucional, la jornada dejó un mensaje claro: la memoria no es solo un ejercicio del pasado, sino una herramienta imprescindible para fortalecer el presente. En palabras de Terriles, no alcanza con recordar: es necesario reafirmar el compromiso con una democracia que no sea una “palabra vacía”, sino una experiencia concreta de ciudadanía, inclusión y dignidad

A cincuenta años del golpe, la memoria deja de ser un ritual para convertirse en práctica social situada. No alcanza con conmemorar: se trata de reconstruir lazos, reponer sentidos colectivos y disputar el presente desde una ética de la responsabilidad compartida. La sociología comprometida no observa desde afuera; se involucra, interpela y produce comunidad allí donde el tejido social aparece fragmentado.

En un tiempo atravesado por la incertidumbre, la desigualdad y el repliegue individual, la memoria funciona como un dispositivo activo que organiza la experiencia común y devuelve densidad a la vida democrática. No es nostalgia ni consigna vacía: es una herramienta para leer el conflicto, comprender las tensiones y sostener derechos que no están garantizados de una vez y para siempre.

La democracia, en este marco, no puede reducirse a procedimientos formales ni a calendarios electorales. Se construye en el territorio, en las instituciones, en las prácticas cotidianas y en la capacidad de una sociedad de reconocerse en el otro. Cuando ese reconocimiento se pierde, cuando la desigualdad erosiona vínculos y cuando la política se vacía de contenido colectivo, lo que se debilita no es solo un sistema, sino la posibilidad misma de una vida en común.

Por eso, a medio siglo del quiebre institucional, el desafío no es únicamente recordar lo que pasó, sino sostener una pregunta incómoda pero necesaria: qué tipo de comunidad queremos ser. En esa respuesta se juega no solo la memoria del pasado, sino la forma concreta que puede asumir la democracia en el presente.

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