
Kicillof mueve primero y ya le reclama una reunión a Santilli
La política tiene esas ironías que no necesitan guionista. Diego Santilli todavía no terminó de acomodarse en el sillón de la Jefatura de Gabinete y ya recibió el primer llamado —o, mejor dicho, la primera carta— desde La Plata. No fue un saludo de cortesía. Fue un recordatorio de que la provincia de Buenos Aires sigue esperando respuestas que, según el Gobierno de Axel Kicillof, jamás llegaron durante su paso por el Ministerio del Interior.
Carlos Bianco eligió combinar protocolo con munición política. Confirmó que envió una nota felicitando al flamante funcionario por su designación y, al mismo tiempo, le solicitó una reunión institucional entre ambos gobiernos. La formalidad duró apenas unos minutos. Después llegó el verdadero mensaje: para la administración bonaerense, Santilli nunca atendió un solo pedido mientras ocupó responsabilidades nacionales.
La Provincia abre el diálogo, pero no baja la guardia
En la conferencia de prensa, Bianco hizo un repaso que tuvo más de balance que de bienvenida. Recordó que durante la gestión nacional del dirigente del PRO no hubo reuniones, ni respuestas a notas oficiales, ni asistencia extraordinaria para la Provincia. Tampoco, sostuvo, existieron avances respecto de las obras públicas paralizadas o los reclamos financieros que Buenos Aires mantiene con la Casa Rosada.
El ministro provincial apeló incluso a una ironía que rápidamente comenzó a circular en la discusión política: dijo que Santilli "se autopercibe bonaerense", aunque —según planteó— la provincia nunca apareció entre sus prioridades de gestión, pese a que el dirigente es uno de los nombres que desde hace tiempo suenan como posible candidato a gobernador del oficialismo nacional en 2027.
Detrás de la chicana aparece un conflicto mucho más profundo. La administración de Kicillof sostiene que la Nación mantiene una deuda de aproximadamente 17,8 billones de pesos con la provincia de Buenos Aires y calcula que el impacto total de las decisiones fiscales adoptadas por el Gobierno nacional ya representa un desfinanciamiento cercano a 26,7 billones.
La estrategia política también es transparente. En La Plata saben que la salida de Manuel Adorni y el desembarco de Santilli abren una nueva etapa en la relación entre ambos gobiernos. Por eso decidieron mover primero. El pedido de audiencia busca instalar la discusión antes de que la nueva jefatura defina prioridades y, al mismo tiempo, dejar asentado públicamente que la Provincia mantiene disposición al diálogo.
La pelota ahora quedó del lado de la Casa Rosada. Si Santilli acepta la reunión, deberá enfrentar una agenda cargada de reclamos por fondos, infraestructura y obras detenidas. Si la rechaza o la demora, en el gobierno bonaerense ya tienen preparada la narrativa: sostendrán que cambió el nombre del interlocutor, pero no la política hacia el distrito más grande del país.
En la rosca del poder los gestos pesan casi tanto como las partidas presupuestarias. Y esta vez, antes de discutir un solo peso, la Provincia decidió poner sobre la mesa otra pregunta: si quien aspira a gobernar Buenos Aires está dispuesto, al menos, a sentarse a hablar con ella.




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