Kicillof mueve el tablero educativo

El director general de Cultura y Educación, Alberto Sileoni, deja su cargo por motivos personales. Axel Kicillof propone como reemplazo a la pedagoga Flavia Terigi, figura fuerte del mundo académico y con vínculos recientes con el oficialismo docente.

Política24/11/2025
nota

Sileoni se va, Terigi entra: el cambio clave en la educación PBA


En la política bonaerense nadie se mueve sin que algo crujan los cimientos. Y cuando el ministro de Educación cambia, no se va un funcionario: se mueve un sistema entero. Alberto Sileoni deja la Dirección General de Cultura y Educación y Axel Kicillof impulsa a Flavia Terigi, una académica de alto calibre, para ocupar el sillón más sensible de toda la provincia: el que maneja el sistema educativo más grande del país.

 

Un cierre prolijo para Sileoni

La salida de Sileoni se explica en la versión oficial como motivos personales. Él mismo se encargó de enmarcarla en términos elegantes. Agradeció al gobernador “la oportunidad y el honor que me ha conferido de estar al frente del sistema educativo bonaerense, así como también la decisión de ubicar a la educación en el centro de su gestión de gobierno”. Y reforzó la idea de continuidad afectiva: “Estamos muy orgullosos de las personas que conforman nuestro sistema educativo: estudiantes, docentes, auxiliares, cooperadoras, funcionarios, organizaciones gremiales, y familias”.

No es un detalle menor. Sileoni no se va en conflicto. Se corre un paso y promete seguir cerca. Después de su recorrido con Cristina Fernández y su regreso a PBA en plena crisis pospandemia, la salida lo muestra más como un cuadro que cambia de ubicación que como un desenlace dramático.

Lo interesante está en quién llega. Kicillof enviará el pliego de Flavia Terigi a la Legislatura. Terigi venía sonando hace meses en los pasillos educativos. Rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento, investigadora, especialista en trayectorias escolares, magíster y doctora, su perfil no es decorativo. Es técnica, política cuando hace falta y respetada por sindicatos, universidades y hasta por funcionarios que no suelen aplaudir cambios. Ella misma definió su decisión con una frase que habla de la talla de la jugada: acepta el cargo por considerarlo una “obligación” en un contexto de “renovado ataque al rol del Estado como garante de derechos”.

Terigi avisó a la UNGS que pedirá licencia para asumir. “Estamos muy orgullosos”, repitió Sileoni sobre el sistema educativo, y el mensaje funcionó como una transición ordenada. Ella, por su parte, anticipó su pedido de licencia “para evitar sorpresas”. Un gesto político fino: nadie quiere que su llegada parezca intempestiva.

El cambio también se lee en clave territorial. En los últimos meses, Terigi estuvo cerca de Suteba y del espacio Movimiento Derecho al Futuro, afín a Kicillof. Su desembarco consolida la idea de que en educación el gobernador apuesta a cuadros robustos, con formación sólida y espalda gremial. No es un área que resista improvisación.

Sileoni deja una agenda extensa: “transformaciones curriculares, presencia territorial, cercanía con las escuelas y desarrollo de la infraestructura han sido algunas de las prioridades en estos años de trabajo”, enumeró en sus últimas palabras como director. Su salida no borra esa línea, pero sí abre una nueva etapa en la que la impronta de Terigi, más académica y menos orgánica, tendrá su propio pulso.

En realidad, lo que está moviendo Kicillof es una pieza estratégica. Si la discusión nacional se radicaliza, la provincia necesita blindarse en políticas sensibles como educación. Terigi aporta solvencia para dar debate técnico y volumen para sostener negociaciones con los actores que importan: gremios docentes, universidades, y la propia Legislatura que deberá avalarla.

En la provincia, los cambios nunca son solo cambios. Son mensajes. Sileoni se despide con aplausos y Terigi llega con expectativa. Y en ese pase de manos, Kicillof deja claro que, mientras otros improvisan, él afina el gabinete donde más duele equivocarse: la educación, ese territorio donde cualquier mala jugada se paga durante décadas.

 

Con la salida de Sileoni y la llegada de Terigi, Kicillof busca un Ministerio de Educación más técnico y menos vulnerable en un escenario político nacional cada vez más áspero.

 

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