
Adorni se queda sin poder: tras la Jefatura de Gabinete también abandona YPF
En la Casa Rosada insisten en hablar de una decisión personal, pero la presión de la oposición, el costo para Javier Milei y el avance de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito terminaron cerrándole todas las puertas.
La política tiene una regla tan vieja como el poder mismo: cuando un dirigente deja de ser un activo y empieza a convertirse en un costo, el sistema encuentra la forma de expulsarlo. Manuel Adorni acaba de comprobarlo. Primero abandonó la Jefatura de Gabinete en una salida cuidadosamente sincronizada con el partido de la Selección Argentina, buscando que el ruido del fútbol amortiguara el impacto político. Ahora se confirmó que también renunciará al directorio de YPF, el último refugio institucional que conservaba dentro del Gobierno de Javier Milei.
La explicación oficial habla de una decisión personal, de desgaste familiar y de la necesidad de alejarse de la función pública. Es el libreto formal. Pero detrás de escena la secuencia fue bastante menos elegante. Durante más de cien días la Casa Rosada intentó sostener a un funcionario cuya situación judicial, lejos de apagarse, sumaba capítulos y consumía buena parte del capital político del Presidente.
Del respaldo absoluto al costo imposible de sostener
Milei defendió a Adorni cuando buena parte del oficialismo ya recomendaba cortar por lo sano. Lo respaldó públicamente, relativizó las denuncias y llegó incluso a afirmar que solamente lo echaría si la Justicia lo encontraba culpable. Esa decisión transformó un problema individual en un problema del Gobierno.
El desgaste fue acumulativo. Las investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito avanzaron en los tribunales federales mientras el Congreso impulsaba pedidos de interpelación y la oposición convertía el caso en una bandera política. En paralelo, el fiscal Gerardo Pollicita ordenó nuevas medidas para reconstruir la evolución patrimonial del ex funcionario, analizar movimientos financieros, operaciones inmobiliarias, declaraciones fiscales y activos vinculados a criptomonedas con el objetivo de detectar eventuales inconsistencias o un posible desbalance patrimonial.
Ese escenario terminó perforando el llamado "contrato moral" que Milei había construido como uno de los pilares de su identidad política. La promesa de diferenciarse de la vieja política empezó a convivir con la imagen de un funcionario investigado que seguía siendo protegido desde la cima del poder. Para un gobierno que hizo de la ética pública un argumento electoral permanente, sostener indefinidamente a Adorni comenzaba a tener un costo mucho mayor que dejarlo caer.
La presión tampoco llegó únicamente desde la oposición. Dentro del oficialismo crecían las voces que entendían que el caso impedía recuperar la iniciativa política y desviaba la agenda hacia explicaciones permanentes sobre patrimonio, propiedades, viajes y denuncias judiciales.
YPF también dejó de ser refugio
Durante algunas horas pareció que Adorni conservaría el sillón que ocupaba en el directorio de YPF como representante del Estado nacional. Era un cargo estratégico y también económicamente relevante, con una remuneración que distintos sectores opositores estimaban cercana a los 15.000 dólares mensuales.
Pero ese escenario duró poco.
Los cuestionamientos comenzaron inmediatamente después de su salida de la Jefatura de Gabinete. Legisladores opositores sostuvieron que resultaba incompatible mantener en la conducción de la principal empresa del país a un dirigente investigado judicialmente y reclamaron que abandonara también esa representación estatal.
La presión surtió efecto. En los próximos días presentará formalmente su renuncia ante el directorio de la petrolera, completando así su salida total del Gobierno nacional. El lugar quedará vacante hasta que la administración defina quién representará al Estado, una decisión que podría quedar ligada a la reorganización del gabinete y al desembarco definitivo de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete.
Mientras tanto, las investigaciones judiciales continúan su curso. Nadie en Tribunales considera que la renuncia modifique el expediente. Al contrario: el trabajo de la fiscalía sigue avanzando con nuevos informes patrimoniales y cruces financieros que podrían definir los próximos pasos procesales.
La política suele ofrecer despedidas solemnes. Esta fue distinta. Hubo carta pública, mensajes afectuosos de Karina Milei y silencio presidencial. Pero detrás de esa puesta en escena quedó una realidad bastante más cruda: Adorni no se fue solamente del Gobierno. Fue perdiendo, una tras otra, todas las posiciones desde las cuales todavía conservaba poder. En la Rosada entendieron demasiado tarde que las crisis políticas rara vez se resuelven administrando el tiempo. Muchas veces el tiempo, simplemente, las hace más caras.


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