La mente como origen cuántico

El origen, la naturaleza o la realidad de la consciencia siguen siendo tres incógnitas en una para el conocimiento humano.

Cultura 25/11/2024
NOTA

¿Se trata de un problema de la filosofía de la mente, existenciaria, como autoconocimiento? ¿Es una cuestión para la filosofía de la ciencia, sobre descripciones y explicaciones del universo? Para unos pocos entendidos en la sensibilidad humana y en la complejidad del cosmos, todo esto es solo un proceso del arte.

El famoso físico británico Roger Penrose, Premio Nobel apenas hace cuatro años, en 2020, ya desde la década de los noventa alternó su investigación sobre los agujeros negros por otra igual o más ambiciosa sobre la consciencia. Junto al anestesiólogo estadounidense Stuart Hameroff establecieron teóricamente cómo es la red neuronal del cerebro humano podría generar eso tan difícil de definir, pero que mentamos como “estar consciente”, de acuerdo con premisas de la mecánica cuántica, física sobre los movimientos subatómicos.

En términos simples, la actividad combinada o como sistema unificado de nuestras células cerebrales produciría conciencia. Lo complejo en los términos de la “teoría de Penrose-Hameroff” es su afirmación de que cada neurona contiene unos “microtúbulos” estructurados en un patrón que permitiría procesos cuánticos, y lo inesperadamente visual, para muchos una verdadera geometría metafísica, es que ese patrón sea “fractal” extrañamente bello.  

Pero, primero lo primero, ¿qué son los fractales? En matemáticas se definen como estructuras “autosimilares” o semejantes en todas sus escalas, que tienen un área finita, pero un perímetro infinito. Un oxímoron de la realidad frente a nuestros ojos por tratarse de patrones que se repiten para generar ese encuentro imposible entre la concisión y la expansión, el centro y el espacio, el uno y el todo, estructuras ni bidimensionales ni tridimensionales.

Los fractales como objetos geométricos infinitamente fragmentados provocan poderosas impresiones estéticas y la paradoja de que sus detalles sean observables en cualquiera de sus escalas desde una elección arbitraria. Por ejemplo, si una cámara hace zoom sobre una parte de una figura fractal, parece quedar capturada la figura completa.

El enfoque de la también conocida como “teoría de la conciencia cuántica" de Penrose y Hameroff depende de esta escala mínima de las cosas. Un estado consciente emergería del movimiento fractal de partículas nanométricas dentro de las células de nuestro cerebro, algo que podría interpretarse como que nuestro yo experiencial surge de un “entrelazamiento” neuronal. 

Esta duda abierta por Penrose y Hameroff fascina a la física neerlandesa Cristiane de Morais Smith. Profesora en la Universidad de Utrecht, Países Bajos, ha virado su trabajo a probar experimentalmente la teoría cuántica de la conciencia, colaborando con su casa de estudios y también con el equipo del profesor Xian-Min Jin de la Universidad Jiaotong de Shanghai. Una increíble investigación que no puede realizarse en un cerebro humano, pero sí replicándolo como un tipo de entorno:

En una resiente investigación con su equipo de la Universidad de Utrecht, Smith recurrió a un microscopio de efecto túnel para crear un fractal cuántico organizando electrones en un patrón específico denominado “triángulo de Sierpiński”. En sus palabras: Nuestro trabajo también podría tener profundas implicaciones en otros campos científicos. Al investigar el transporte cuántico en nuestras estructuras fractales diseñadas artificialmente, podríamos haber dado los primeros pasos hacia la unificación de la física, las matemáticas y la biología, lo que podría enriquecer enormemente nuestra comprensión del mundo que nos rodea, así como del mundo que existe en nuestras cabezas.

El "expresionismo fractal" podría ser una manera de hablar no solo de un arte que sale, en movimiento, que nunca es solo imagen, sino, además, de la consciencia toda del artista del día a día, de la emergencia del principio de la belleza.

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