
Cayó en Lomas una viuda negra acusada de drogar y vaciar a hombres
La noche suele vender una promesa de compañía. Un trago, una charla rápida, una mirada sostenida más de la cuenta. En Buenos Aires, cada vez más hombres terminan aprendiendo que detrás de esa escena también puede esconderse una emboscada. La modalidad “viuda negra” ya no pertenece solamente a relatos policiales de otra época. Hoy circula entre boliches, aplicaciones y departamentos alquilados donde el deseo dura apenas hasta que el cuerpo se apaga.
La investigación que terminó con dos mujeres detenidas comenzó hace casi un año, después de una secuencia que mezcla seducción, drogas y saqueo. La víctima había conocido a las sospechosas en un boliche de Constitución. Después de algunas horas compartidas entre música, alcohol y conversaciones rápidas, decidió invitarlas a su departamento en Caballito. Ahí empezó el verdadero operativo.
Según la reconstrucción judicial, las mujeres aprovecharon un momento de distracción para mezclar alguna sustancia en la bebida del hombre. El efecto fue inmediato. Perdió el conocimiento y despertó varias horas después en un departamento vacío, desordenado y con sus cuentas prácticamente devastadas.
No solo le habían robado dinero, dólares, dispositivos electrónicos y objetos personales. También utilizaron sus tarjetas, hicieron consumos, operaciones virtuales y movimientos sobre billeteras digitales. En pocos minutos, la intimidad del encuentro se transformó en un expediente penal.
La investigación avanzó lentamente entre cámaras de seguridad, rastros digitales y seguimientos. Los detectives lograron identificar a las dos sospechosas y ubicar los domicilios donde se movían. Una vivía en Villa Soldati. La otra, en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora. Dos geografías atravesadas por la precariedad, la violencia cotidiana y una frontera difusa entre supervivencia y delito.
Los allanamientos fueron simultáneos. En Soldati detuvieron a una de las acusadas y secuestraron una consola de videojuegos y un teléfono celular. En Budge cayó su presunta cómplice, en una vivienda donde también encontraron dispositivos que ahora serán peritados por la Justicia.
Pero hubo un dato que terminó de endurecer la mirada de los investigadores: una de las detenidas acumulaba siete antecedentes penales recientes. Robos, usurpaciones, encubrimiento agravado y otros episodios que aparecen como pequeñas piezas de una carrera criminal construida a velocidad conurbano. Apenas 31 años y un prontuario que ya parecía escrito por capítulos.
En el universo policial, las “viudas negras” dejaron de ser una excepción exótica para convertirse en una modalidad cada vez más frecuente.
Los investigadores explican que el crecimiento de las aplicaciones de citas, la hiperexposición en redes y la circulación de dinero digital ampliaron el terreno para este tipo de delitos. Ya no hace falta cargar televisores o joyas en un bolso. A veces alcanza con desbloquear un celular y vaciar cuentas en silencio mientras la víctima duerme profundamente.
El caso también deja una postal amarga sobre cierta soledad urbana contemporánea. Hombres que viven solos, encuentros fugaces, alcohol, confianza acelerada y una ciudad donde muchas personas terminan entrando a casas ajenas sin saber siquiera el apellido del otro.
Ahora ambas mujeres quedaron a disposición de la Justicia mientras continúa el análisis de teléfonos, movimientos bancarios y posibles vínculos con otros hechos similares. Los investigadores sospechan que podría haber más víctimas que nunca denunciaron por vergüenza o miedo.
En Buenos Aires, las noches siguen llenas de luces, música y promesas rápidas. Pero en algunos departamentos, después del último trago, lo único que queda es el ruido seco de una puerta cerrándose y una cuenta bancaria vacía antes del amanecer.



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