Ese infierno tan temido

Respirar le quemaba la garganta. Realmente no estaba seguro de cuánto tiempo llevaba corriendo. Aunque era más que consciente de que estaba pasando de nuevo, conocía la pesadilla y sabía exactamente todo lo que seguía. 
Cultura 08/09/2026

WhatsApp Image 2026-09-08 at 10.16.26Por Melina Perez.

Corría, sus piernas se movían demasiado rápido pese a la pesadez que lo comprimía, como si correr fuera obligatorio para no sucumbir y derretirse en el suelo. No tenía la menor idea de su prisa, pero estaba más que seguro: si cesaba la marcha, sería su fin. Cada vez más rápido, fuera de sí.

Las piernas, autómatas, buscando una inexistente salida del denso bosque que amenazaba con tragárselo todo. El murmullo extraño llegaba desde muy lejos, nunca descifraba qué era; simplemente persistía. Algo lo perseguía. ¿O no? ¿Por qué otra razón correría? Pero es difícil identificar los murmullos de los árboles cuando el corazón estalla en cada latido y cada exhalación acorta la cuenta regresiva.  

El conteo se acercaba a su fin. Buscaba algo con la mirada, quizá la desesperación le hacía creer que alguien llegaría a salvarlo de quién sabe qué, estaba frenético. Alzó la cabeza y lo vio. Nubes rojizas cubrían el firmamento con su manto sangriento. Debía continuar su marcha cueste lo que cueste. Tenía que llegar, hacer algo. Si no iba a despertarse, entonces debía salvarse y descubrir la pieza faltante del terrible sueño que lo atormentaba hacía tanto tiempo.

El pasto comenzó a crecer, feroz. Reptaba hasta enroscarse en sus piernas. Intentó gritar, con la esperanza de que el esfuerzo en sueños despertara al Dante que reposaba, inquieto, en su agradable lecho. ¡Sí! Gritar era la solución. Pero no podría hacerlo si el aire no llegaba a sus pulmones. Cayó de rodillas. La humedad trepaba; al parecer, la tierra se lo comía  y los dientes eran las pequeñas espinas que desgarraban exageradamente cada lugar que rozaban.

Necesitaba correr, no había tiempo para perder. No podía ser este su fin. No, la alarma debía sonar para que Dantecomenzara su día después de una agitada noche de tantas.  Sí, eso es. Eso iba a pasar. Tenía que levantarse y volver a la carrera contra lo que fuera que lo empujara a moverse, hasta que sonara la alarma. No podía faltar tanto tiempo.

Pero moverse es en vano cuando al cuerpo lo envuelven las zarzas que arden, más de lo que un sueño jamás ha rasgado tu piel. Un grito.  Mucho más fuerte que sus latidos y jadeos.  No sabía de dónde venía, su corazón dio un vuelco cuando volvió a sonar. Más fuerte. Más cerca. Tan intenso que su cabeza iba a estallar, le zumbaban los oídos.

Estaba atrapado. Las enredaderas crecían dolorosamente, abrazando su cuello y  enredándose en sus largos rizos con violencia. Y la mano emergió frente a sus incrédulos ojos.  La tierra se removía entre los pálidos dedos anónimos, se estremecía y sacudía de manera frenética, intentaba escarbar, buscaba la salida. Tenía que ayudar.

Tenía que librarse de la maleza para ayudar a quien estuviera frente a él. Pero el bosque parecía tener otros planes para él, las zarzas llegaban a su rostro, apenas respiraba. Y entonces, lo consiguió. Desde lo profundo de su alma, el poco aire que quedaba escapó, en un grito de auténtico pavor. La mano se movía, dejando lo que parecían ser todos sus esfuerzos en salir a la superficie.

Cavando en dirección a él.  Cada vez le costaba más, se retorcía ante la mirada aterrada de Dante, que no pudo evitar pensar que ese era su destino. No le quedaban fuerzas ni para gritar. El murmullo incesante comenzó a crecer cada vez más. Corderos. ¿Por qué? ¿Había sido eso todo el tiempo? ¿Ese era el ruido de los árboles? ¿Corderos? Los balidos lastimeros se amplificaban más, y más, y más, y más, iba a perder la cabeza por completo. Más. Más. Más. Se descomponían y mutaban en una sinfonía agónica.

Entraban en su cerebro con una frecuencia que le estallaría la cabeza en cualquier momento. Los chillidos lo habían distraído. La mano yacía inerte en el suelo. Un nuevo grito. Uno humano, que logró hacerse oír sobre los infernales corderos. Y de repente, de manera abrupta, la pálida mano fue engullida por la tierra. Acompañada de un nuevo alarido. Dante no distinguía si era suyo o de quien estuviera debajo suyo. Tenía que despertar, rápido. La falta de aire le nublaba la vista, la cabeza le pesaba y no soportaba ni un segundo más de aquellos alaridos inhumanos. El despertador iba a sonar. ¿Verdad? 

Te puede interesar
WhatsApp Image 2026-08-26 at 20.51.29

Choque de titanes cósmicos: la Vía Láctea y Andrómeda

Cultura 27/08/2026
Investigaciones astrofísicas respaldadas por observaciones de telescopios espaciales confirman que la Vía Láctea se encuentra en curso de colisión directa con su vecina más grande, la galaxia de Andrómeda (M31). Este evento, bautizado por la comunidad científica como la formación de "Lactómeda", transformará por completo el vecindario cósmico.
Foto principal.jpg

“El Negro” eterno, homenaje a Alberto Olmedo

Cultura 24/08/2026
Este 24 de agosto, la leyenda del humor argentino cumpliría 93 años y una de nuestras redactoras le rinde homenaje a través de esta nota en la que cuenta su historia con él y cómo marcó su vínculo con su familia.
Lo más visto
ABAJO CON FOTO (TRATAR QUE LA FOTO SE VEA GRANDECITA)

Eichel supervisó un amplio operativo de seguridad en Glew

Región07/09/2026
La jefa de Gabinete de Almirante Brown, Paula Eichel, encabezó la supervisión del despliegue realizado junto al Ministerio de Seguridad bonaerense. Hubo controles de motos y vehículos, identificación de personas y patrullajes en puntos estratégicos de Glew.