
Lamelas o Argentina: Cristina marcó la cancha

Peter Lamelas habló como si fuera el virrey de una colonia. Pero lo escuchó Cristina Fernández de Kirchner, y esta vez, la jefa no dejó pasar ni medio centímetro. El futuro embajador de Donald Trump en la Argentina no solo prometió vigilar a los gobernadores para evitar acuerdos con China y respaldar la reelección de Javier Milei, sino que directamente se metió con el Poder Judicial y con la exmandataria: dijo que su objetivo es que Cristina “reciba la justicia que bien merece”.
La respuesta no tardó. En una publicación que ya circula como línea política, CFK fue al hueso: “Ni Monroe se animó a tanto”, lanzó, evocando la vieja doctrina imperial. Y disparó una frase que va camino a pegar fuerte en esta campaña: “Hace 80 años era Braden o Perón. Ahora es Lamelas o Argentina.”
La comparación no es antojadiza. Cristina viene sosteniendo desde hace meses que el gobierno de Javier Milei es una pantalla, y que los verdaderos que mandan son otros: el Fondo Monetario, Wall Street, y ahora, explícitamente, Washington. Por eso, cuando escuchó a Lamelas decir en el Senado norteamericano que trabajará para evitar la “influencia maligna” de China en la región y que garantizará el respaldo a Milei, entendió que ya no se trataba de una simple afinidad ideológica: era injerencia en estado puro.
“La campaña no la hacen los hermanos Milei. La hacen Washington y el Fondo Monetario”, afirmó la ex presidenta. No fue solo una defensa personal: fue una advertencia política. Porque si un embajador promete disciplinar gobernadores y hacer lobby judicial antes de pisar suelo argentino, lo que está en juego no es un gobierno: es la soberanía institucional.
Y CFK, que no necesita bancas ni micrófono para incidir, eligió el momento perfecto: cuando los gobernadores están de pie, cuando el Senado le dio una paliza legislativa a la Casa Rosada, cuando Milei empieza a enfrentar el costo de creerse invencible. Lo de Cristina no es nostalgia de liderazgo: es cálculo quirúrgico.
Desde La Pampa, Ziliotto dijo que no aceptarían “intromisiones externas que busquen disciplinarnos”. Desde Tierra del Fuego, Melella le pidió a Lamelas que “deje de ser socio de los usurpadores británicos”. Kicillof fue más directo: “Lamelas go home”. Y ahora, con la frase “Lamelas o Argentina”, Cristina los ordena a todos en una consigna simple, potente y con raíz histórica.
¿Quién hizo campaña alguna vez con un embajador gringo como jefe de estrategia? Milei lo está haciendo. Y lo que hasta hace un mes era un alineamiento difuso, ahora es blanqueado por el propio enviado diplomático de Trump: no se trata de vínculos entre países, se trata de una subordinación de Estado.
La jefa también levantó el dedo sobre temas que el embajador no mencionó, pero que huelen a hipocresía: “Trump asumió con 24 cargos criminales y aún no reveló la lista de Epstein”, tiró. “Primero limpien su casa antes de opinar sobre la nuestra”, remató con furia fría.
Y de paso, dejó una pregunta que enciende el avispero local: “¿Va a vigilar también al empresario argentino que controla el monopolio de telecomunicaciones, asociado a empresas chinas y que fue a festejar el 4 de julio a la embajada de EE.UU.?” Ese es el estilo de CFK: cuando lanza una bomba, deja metralla suelta.
El intento de Lamelas de entrar como sheriff al Cono Sur terminó, por ahora, unificando a los gobernadores, dejando a Milei aún más solo, y reactivando políticamente a Cristina. Si el juego era provocar para disciplinar, la jugada salió al revés. Lo que se viene es campaña en serio. Y ya no es entre libertarios y peronistas. Es, como hace 80 años, entre subordinación y soberanía. Entre Lamelas… o Argentina.



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