
Cerró Alfajores Lanín: otra pyme del Conurbano Sur que no resistió a Milei
Lo que comenzó en 2020 como una producción casera impulsada casi por casualidad terminó convirtiéndose en una marca reconocida de la gastronomía artesanal del Conurbano Sur. Alfajores Lanín creció, profesionalizó su producción, mejoró procesos, participó en ferias de todo el país y logró instalarse como una referencia local. Seis años después, la historia llegó a su final.
La planta ubicada en Lomas de Zamora cerró sus puertas luego de que la combinación entre la caída sostenida del consumo y el incremento de los costos volviera inviable la continuidad del emprendimiento. El anuncio fue realizado por su fundador a través de las redes sociales, donde agradeció el acompañamiento de clientes y colaboradores durante toda la trayectoria de la empresa.
El caso sintetiza una realidad que atraviesa a buena parte del entramado productivo del Conurbano. Muchas pequeñas y medianas empresas nacidas durante la pandemia encontraron un mercado dispuesto a consumir productos locales y de calidad. Sin embargo, el actual escenario económico modificó ese equilibrio. El poder adquisitivo se debilitó, las ventas comenzaron a retroceder y los costos operativos siguieron presionando sobre estructuras empresarias con escaso margen financiero.
En Lomas de Zamora, Alfajores Lanín había logrado consolidar una identidad propia. Lo que empezó como una receta preparada para consumo personal terminó transformándose en una pyme con presencia en ferias regionales y nacionales, apostando por mejorar materias primas, presentación y calidad del producto para competir en un mercado cada vez más exigente.
Pero cuando el consumo se retrae, las primeras víctimas suelen ser precisamente los emprendimientos que dependen del mercado interno. Los hogares priorizan alimentos básicos, servicios y alquileres, mientras los productos elaborados de manera artesanal comienzan a perder espacio dentro del presupuesto familiar.
El cierre de Lanín no aparece como un hecho aislado. Forma parte de una secuencia de persianas bajas que viene afectando a pequeños comercios y emprendimientos del Conurbano, especialmente en el sur bonaerense, donde la desaceleración económica encuentra un tejido productivo integrado mayoritariamente por pymes y microempresas con escasa capacidad para absorber meses consecutivos de baja facturación.
Cada cierre representa mucho más que una marca que desaparece. Detrás quedan inversiones, horas de trabajo, proyectos familiares y redes comerciales construidas durante años. En economía, las estadísticas reflejan la caída del consumo. En los barrios, esa misma realidad se traduce en locales que apagan sus luces y emprendimientos que ya no logran sostenerse.















