
Cuatro de cada diez máquinas están paradas y el modelo productivo no aparece
La industria argentina llega a su día con una imagen difícil de maquillar: cuatro de cada diez máquinas están paradas. En junio, la utilización de la capacidad instalada fue de apenas 59,1%, según el INDEC. El número mejora dos décimas frente al mismo mes de 2025, pero queda 9,5 puntos por debajo de junio de 2023, de acuerdo con un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Detrás de esa estadística hay fábricas produciendo menos, turnos que desaparecen, empleo que se pierde y empresarios que empiezan a preguntarse cuánto tiempo puede llamarse transición a un escenario que se vuelve permanente.
La industria manufacturera representa alrededor del 18 % del PBI, sostiene unos 2,5 millones de empleos directos y concentra cerca de la mitad de la inversión empresarial en investigación y desarrollo. Su retroceso, por lo tanto, arrastra empleo, proveedores, tecnología y valor agregado.
Los números de 2026 tampoco permiten explicar todo como una herencia. Durante el primer semestre, la actividad industrial cayó 1,9% interanual y la producción manufacturera retrocedió 2,2%. Frente al promedio de enero de 2022 a noviembre de 2023, CEPA calcula retrocesos de 8,1% y 10,2%, respectivamente.
Por sectores, frente a junio de 2023, el uso de las plantas cayó casi en todas las ramas, salvo refinación de petróleo y alimentos y bebidas. La metalmecánica, sin automotores, retrocede 30,9%; los minerales no metálicos, 30,4%.
Importar es sencillo; construir competitividad, bastante menos
El Gobierno puede argumentar que una economía abierta obliga a las empresas argentinas a mejorar productividad, precios y calidad. El razonamiento tiene una parte atendible: ninguna política industrial seria puede consistir en proteger eternamente ineficiencias. El problema aparece cuando se confunde competencia con exposición unilateral y se pretende que una fábrica gane productividad mientras pierde escala, mercado interno y financiamiento.
Las importaciones de bienes de consumo alcanzaron US$ 5.362 millones durante el primer semestre de 2026, el mayor registro comparable para esa parte del año. En doce meses sumaron US$ 11.496 millones. Frente al primer semestre de 2023, las compras externas de electrodomésticos, baterías y lámparas crecieron 109,2%; las prendas de vestir, 86,3%; y motos, bicicletas y otros equipos de transporte, 67,6%. También aumentaron 51,9% los alimentos y 27% los productos farmacéuticos.
Importar no es el problema. El problema comienza cuando las compras externas crecen mientras la capacidad doméstica permanece parada y no aparece otra fuente equivalente de empleo, productividad y divisas.
El mercado laboral industrial muestra esa factura. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 97.312 puestos registrados en unidades productivas industriales y dejaron de registrarse unas 4.020 empresas manufactureras, según CEPA. En abril quedaban 46.005 firmas industriales empleadoras y alrededor de 1,13 millones de trabajadores registrados en el sector, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo relevados por el Centro de Estudios de la UIA.
Hay empresarios que reaccionan. Invierten en automatización, rediseñan productos, buscan nuevos mercados, profesionalizan equipos y utilizan capacidad ociosa para lanzar nuevas líneas. Es exactamente lo que debería hacer un empresario. Pero pedirle al dueño de pyme que se reinvente no reemplaza una política de desarrollo. La productividad de una empresa depende de sus decisiones; la de un país también depende de crédito, infraestructura, energía, impuestos, logística, tecnología y una macroeconomía previsible.
La tecnología agrega otra brecha. Un diagnóstico de la UIA y Accenture indica que apenas 27 % de las industrias argentinas utiliza inteligencia artificial. Modernizarse ya no es optativo, pero tampoco es gratis.
Ahí aparece la pregunta que el Día de la Industria deja sobre la mesa, que la moderación de buena parte de la dirigencia empresaria no consigue borrar: ¿dónde está el modelo nacional que potencia al que produce y emprende?
Estabilizar variables, ordenar las cuentas y abrir mercados puede ser necesario. Desarrollo es otra cosa: supone crear condiciones para incorporar tecnología, ganar escala, exportar y competir con empresas que llegan desde países con crédito barato y políticas industriales explícitas.
La industria no necesita rentas ni esconderse detrás de una aduana. Necesita condiciones para competir sin entrar a la cancha perdiendo cinco a cero. Porque cuando cuatro de cada diez máquinas están quietas, casi cien mil empleos industriales desaparecieron y las importaciones de consumo baten récords, ya no alcanza con pedir creatividad al empresario.
Una máquina parada no discute ideología. No vota, no tuitea y no escucha discursos. Simplemente deja de producir. Y cuando muchas máquinas hacen silencio al mismo tiempo, lo que falta no es espíritu emprendedor: falta un modelo productivo capaz de volver a encenderlas.


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