El costo del transporte comienza a ser una barrera laboral en la región

 
El aumento sostenido del transporte público está generando un fenómeno silencioso en el Conurbano bonaerense: trabajadores que rechazan empleos, abandonan puestos o se refugian en changas de cercanía porque el costo de llegar al trabajo consume una parte cada vez mayor de sus ingresos.
Región17/06/2026

NOTA 2Hay una cuenta que miles de familias del Conurbano hacen todas las mañanas antes de salir de casa. No es la del alquiler ni la del supermercado. Es la del viaje. Cuánto cuesta llegar al trabajo, cuántos colectivos hay que tomar, cuántas horas se perderán en el trayecto y cuánto dinero quedará realmente en el bolsillo después de pagar el transporte.

 

Durante décadas, la ecuación parecía sencilla. Vivir en el Conurbano y trabajar en la Ciudad de Buenos Aires era una rutina asumida por millones de personas. Hoy esa lógica empieza a mostrar fisuras cada vez más visibles.

 

En barrios alejados de los grandes centros urbanos, el traslado dejó de ser un gasto secundario para convertirse en un factor decisivo a la hora de aceptar o rechazar un empleo. La situación afecta especialmente a trabajadores de ingresos bajos y medios que dependen exclusivamente del transporte público para llegar a sus puestos laborales.

 

En el oeste profundo del Área Metropolitana aparecen localidades como Cuartel V y Trujui, en Moreno; González Catán, en La Matanza; o Pontevedra, en Merlo. En la zona sur, el fenómeno se observa con fuerza en Bosques e Ingeniero Allan, en Florencio Varela, además de Glew y distintos barrios periféricos de Almirante Brown. Situaciones similares también se registran en José C. Paz y en extensos sectores alejados de La Matanza.

 

La dificultad no radica únicamente en el valor de un boleto. Para muchos trabajadores, el viaje implica una cadena de combinaciones. Un colectivo barrial para llegar a una estación, luego un tren y posteriormente otro colectivo o subte para alcanzar el destino final. El resultado son recorridos extensos que muchas veces superan las cuatro horas diarias entre ida y vuelta.

 

Las actividades más golpeadas por esta realidad tienen algo en común: requieren presencia física y ofrecen salarios que difícilmente acompañan el aumento de los costos de movilidad. Empleadas de casas particulares, trabajadores de limpieza, albañiles, pintores, operarios textiles, gastronómicos, playeros de estaciones de servicio, repositores y empleados de comercio forman parte de los sectores donde este fenómeno se vuelve más visible.

 

La economía de cercanía gana terreno

La consecuencia empieza a sentirse en ambos extremos del mapa laboral. Mientras empresas ubicadas en la Ciudad y en corredores comerciales continúan buscando personal para tareas presenciales, muchos trabajadores evalúan que el esfuerzo económico y físico del traslado ya no compensa el salario ofrecido.

En los barrios, mientras tanto, empiezan a fortalecerse estrategias de supervivencia vinculadas a la proximidad. Ventas por redes sociales, pequeños emprendimientos familiares, servicios informales, trabajos ocasionales y changas aparecen como alternativas que permiten reducir costos y recuperar tiempo.

 

No necesariamente generan mayores ingresos. Pero evitan un gasto cotidiano que se volvió cada vez más pesado. Para muchas familias, trabajar cerca de casa significa ahorrar dinero, reducir horas de viaje y disponer de más tiempo para el cuidado de hijos, adultos mayores o tareas domésticas.

 

Lo que emerge es una transformación silenciosa en la geografía laboral del AMBA. Los grandes polos de empleo continúan concentrados en áreas específicas, mientras que buena parte de la población trabajadora vive cada vez más lejos de esos centros. La distancia existió siempre. Lo que cambió fue el costo de recorrerla.

 

La historia del Conurbano estuvo marcada durante décadas por millones de personas que viajaban largas horas para sostener sus hogares. Hoy esa tradición comienza a encontrar un límite económico.

 

Y cuando el costo de llegar al trabajo se vuelve tan importante como el salario mismo, ya no estamos hablando solamente de transporte. Estamos hablando de oportunidades, de acceso al empleo y de la posibilidad concreta de construir un proyecto de vida desde los barrios donde viven millones de bonaerenses.

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