
Pese a su discurso anti China, Milei negocia renovar el swap que sostiene casi el 40% de las reservas
La política exterior suele escribirse con discursos. La política económica, en cambio, se escribe con balances. Y en esa diferencia aparece una de las mayores contradicciones del Gobierno de Javier Milei. Mientras la Casa Rosada insiste con un discurso abiertamente crítico hacia China, el Banco Central llegará esta semana al vencimiento del swap de monedas negociando precisamente con Beijing su renovación por otros tres años. Cuando se trata de reservas, la ideología suele ceder frente a la necesidad.
El pragmatismo obliga donde la retórica no alcanza
El acuerdo de intercambio de monedas con el Banco Popular de China vence el próximo jueves y la intención oficial es mantenerlo prácticamente bajo las mismas condiciones vigentes hasta 2029. El propio presidente del Banco Central, Santiago Bausili, había anticipado meses atrás que el objetivo era renovar el convenio sin modificaciones sustanciales, luego de las negociaciones iniciadas durante su visita a Shanghái.
No se trata de un instrumento menor. El swap representa hoy algo menos del 40% de las reservas brutas del Banco Central y constituye uno de los tres pilares sobre los que el Gobierno pretende fortalecer el poder de fuego de la autoridad monetaria junto con los préstamos Repo y las posiciones en contratos de dólar futuro, dentro de una estrategia que apunta a reforzar el balance del Central antes del proceso electoral.
El funcionamiento del mecanismo es conocido. El monto total figura como respaldo dentro de las reservas, aunque sólo puede utilizarse mediante la activación de tramos específicos que luego deben devolverse bajo un cronograma acordado entre ambos bancos centrales.
Durante la crisis cambiaria de 2023, la Argentina utilizó un tramo equivalente a US$5.000 millones para afrontar pagos de importaciones provenientes de China y compromisos con organismos internacionales como el FMI, la CAF y Qatar. Según el balance del Banco Central, al comenzar 2026 permanecían activados alrededor de 4.600 millones de yuanes, equivalentes a unos US$675 millones, cuyo repago continúa desarrollándose de manera escalonada.
La escena expone un dato incómodo para el relato oficial. Mientras el Gobierno construye buena parte de su narrativa internacional sobre un fuerte alineamiento con Washington y cuestionamientos al régimen chino, la economía argentina depende de mantener abierto uno de los principales puentes financieros con la segunda economía del planeta.
La contradicción no termina allí. En paralelo, la apertura comercial impulsada por la administración Milei multiplicó la presencia de productos importados provenientes de China en numerosos segmentos del mercado argentino. El resultado es paradójico: el discurso combate al comunismo, mientras los hechos amplían la inserción económica del gigante asiático dentro del mercado local.
La economía suele tener menos épica que la política, pero también menos margen para las consignas. Cuando casi cuatro de cada diez dólares que respaldan las reservas dependen de un acuerdo con Beijing, el pragmatismo termina imponiendo condiciones que ningún discurso alcanza a modificar. Entre las consignas ideológicas y la necesidad de sostener la estabilidad financiera, el Banco Central ya parece haber elegido cuál de las dos pesa más.



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