Horror en Berazategui: hallaron muerta a una joven y la autopsia confirmó que fue ahorcada

La víctima fue encontrada dentro de una vivienda y el examen forense determinó que murió por asfixia mecánica provocada con una soga. La Justicia de Quilmes reconstruye sus últimas horas y busca identificar al responsable. Hasta el momento no se informaron detenciones.
Policiales15/09/2026

NOTA 1Una joven fue encontrada muerta dentro de una vivienda de Berazategui y la autopsia terminó de despejar la duda más importante de las primeras horas: no había sido una muerte natural ni accidental. Los médicos forenses determinaron que murió por asfixia mecánica provocada por la compresión del cuello con una soga. Con ese resultado, la investigación cambió de eje y la Justicia de Quilmes comenzó a reconstruir un homicidio que, por sus características, es investigado como femicidio.

 

El hallazgo había abierto distintas hipótesis. Esta vez fue el cuerpo el que marcó el camino. El examen forense encontró lesiones compatibles con ahorcamiento y estableció que la asfixia desencadenó el paro cardiorrespiratorio.

 

Los investigadores intentan determinar ahora cómo ocurrió el ataque y si la víctima alcanzó a defenderse. Los peritos analizan posibles signos de lucha.

 

La Policía Científica trabajó en la vivienda y secuestró teléfonos celulares y otros elementos considerados relevantes. También quedó bajo análisis el lazo que habría sido utilizado en el crimen. La expectativa es encontrar rastros que puedan ser sometidos a estudios genéticos y permitan vincular a una persona con la escena.

 

Las últimas horas, la clave para encontrar al responsable

 

La causa quedó en manos de una Unidad Funcional de Instrucción especializada del Departamento Judicial de Quilmes. Desde allí se ordenaron testimonios a familiares, personas cercanas y vecinos. La tarea inmediata es reconstruir las últimas horas de la joven: con quién estuvo, quién habló con ella y quién pudo haber ingresado a la vivienda.

 

En paralelo, los investigadores revisan cámaras de seguridad públicas y privadas de la zona. Cada ingreso y cada salida puede convertirse en una pieza de la secuencia. La respuesta está en un registro mínimo: una llamada, una imagen, un mensaje o un rastro en la casa. No hay, según la información disponible hasta ahora, detenidos informados ni una identidad confirmada públicamente para el autor del crimen.

 

Ese dato obliga a mantener una diferencia fundamental. La autopsia permite afirmar que hubo una muerte violenta y orientar la investigación hacia un homicidio. Identificar a quien la provocó exige otra clase de prueba. Testimonios, imágenes, teléfonos y rastros biológicos deberán empezar a hablar entre sí antes de que la fiscalía pueda cerrar el círculo sobre un sospechoso.

 

Berazategui queda así atravesado por otra investigación en la que el trabajo forense resulta decisivo. La escena puede sugerir una historia, pero en tribunales las sospechas necesitan convertirse en evidencia. Por eso, el análisis de la soga, los celulares y las cámaras tendrá un peso central durante las próximas horas.

 

También habrá que establecer el vínculo entre la víctima y quien la atacó. No es un detalle menor: reconstruir esa relación puede explicar cómo llegó el agresor hasta la vivienda, si existían antecedentes de violencia o amenazas y qué ocurrió inmediatamente antes de la muerte. Nada de eso puede darse por sentado mientras no aparezca respaldado por la investigación.

 

El caso vuelve a mostrar la dimensión más íntima de la violencia contra las mujeres. No siempre empieza en una calle oscura ni frente a desconocidos. Muchas veces ocurre detrás de una puerta, en espacios que deberían ser seguros, y recién se vuelve visible cuando llegan una ambulancia, la Policía Científica y una fiscalía.

 

Ahora queda la parte menos espectacular y más importante: encontrar al responsable y probar qué hizo. La autopsia ya consiguió que la muerte no pueda esconderse detrás de una explicación equivocada. Falta que la Justicia consiga ponerle nombre al agresor. Hasta entonces, en esa casa de Berazategui queda una ausencia y una pregunta abierta que ningún expediente puede convertir en rutina.

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