
Copado: un mural de Okupas transforma la Ribera de Quilmes y convoca al barrio
En Quilmes, el arte volvió a ganarle espacio al cemento. Sobre un muro que da a la avenida Cervantes, a pocos metros de Otamendi, empezó a tomar forma una imagen que muchos reconocen al instante. No es casualidad. Es memoria, identidad y cultura popular condensadas en una intervención que crece día a día frente a los ojos de quienes pasan.
El mural, de gran tamaño, está inspirado en una de las series más recordadas de la televisión argentina. No solo por su estética, sino por el vínculo directo con ese territorio. Una de sus escenas más emblemáticas se filmó justamente en la Ribera, lo que convierte a la obra en algo más que un homenaje. Es una manera de recuperar una historia que también es del barrio.
Detrás de la iniciativa hay un artista quilmeño que decidió encarar el proyecto de forma independiente, sin estructuras ni financiamiento institucional. La obra no salió de un escritorio ni de una licitación, nació del impulso de alguien que conoce el lugar y entiende lo que representa. Y en ese camino, lo que empezó como una idea personal se fue volviendo colectivo.
A medida que avanzaban los trazos, se sumaron otros artistas y vecinos que ofrecieron tiempo, herramientas o simplemente compañía. También hubo respaldo desde espacios comunitarios vinculados al transporte local, que ayudaron a visibilizar la propuesta y acercar colaboraciones. El resultado es un trabajo que no solo se pinta, se construye entre varios.
Pero el proceso todavía no está cerrado. Como suele pasar en estas experiencias a pulmón, el desafío no es solo crear, sino sostener.
Los materiales, las pinturas y el desgaste de las herramientas obligan a buscar nuevas formas de financiamiento. Por eso, se abrió una convocatoria para quienes quieran aportar y ayudar a que el mural llegue a su versión final.
La lógica es simple y potente: que una obra pública, abierta y gratuita, se termine con el aporte de quienes la van a disfrutar. No hay ticket ni entrada. Hay pertenencia. Y eso, en un conurbano donde muchas veces lo urgente tapa lo importante, tiene un valor difícil de medir en números.
Lo que está pasando en la Ribera de Quilmes no es solo una intervención artística. Es una escena que habla de comunidad, de identidad y de cómo el espacio público puede volver a ser un lugar de encuentro. En tiempos donde todo parece fragmentarse, ver a un grupo de vecinos y artistas construir algo en común es, en sí mismo, una señal.
Porque al final, más allá de la referencia cultural, lo que queda es otra cosa. Un mural que no solo recuerda una historia, sino que escribe una nueva, con pintura, esfuerzo y la decisión de hacer algo juntos.



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